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La marcha atrás del aborto


Trabajando en unas valoraciones sobre la propuesta del ministro Alberto Ruiz Gallardón de eliminar de los supuestos para la interrupción voluntaria del embarazo la malformación del feto y el consecuente agradecimiento por todos los sectores provida y conservadores, me he parado a pensar en los pasos que hasta ahora se habían dado en lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres y en como afectará de cara al futuro.

Además, nos enteramos por informaciones en los medios que también se baraja la posibilidad de que sea solo la valoración psicológica la que prevalezca a la hora de realizar una interrupción voluntaria del embarazo.

Antecedentes jurídicos hasta 2012. En el tercer curso de la Licenciatura de Periodismo me tocó participar en un trabajo de Relaciones Públicas por el que, a modo de lobby, tenía que llevar a cabo una defensa cerrada del aborto, sobre todo en el aspecto legislativo. En ese momento, 1999, España estaba anclada en la ley de supuestos (solo tres) y analizando cómo estábamos en comparación con otros países, podíamos sentirnos orgullosos de ser de los más restrictivos.

Así, de una tanda de países que incluía desde los más cercanos como Portugal, Francia, Reino Unido, Alemania o Italia, hasta otros más alejados como Estados Unidos o Japón, España tenía el dudoso honor de ser de los más fervientes detractores de una práctica que condiciona no solamente la vida de una mujer que no puede interrumpir su embarazo no deseado, sino que, en casos como malformación, creará una carga social adicional de la que luego es difícil encontrar quien se haga corresponsable.

En el primer grupo de países, el de aquellos que habían despenalizado el aborto implantando una ley de plazos, se encontraban Alemania, Francia, Italia o Estados Unidos. En el segundo grupo, el de aquellos que contaban con una legislación de supuestos que también incluía la malformación del feto, Reino Unido, Portugal y Japón tenían sus máximos exponentes.

Y luego estaba España, que se situaba un poco más allá en la parte conservadora ya que la ley de supuestos de 1985 dejaba la puerta abierta a un posible “cuarto supuesto”, aquel al que se refería cuando mantener el embarazo supondría un grave perjuicio social y psicológico para la madre, por el cual se podría llevar a cabo la interrupción del mismo dentro de las doce primeras semanas de gestación. Fué el argumento perfecto para crear un negocio del que se han lucrado muchas clínicas en nuestro país aprovechando el vacío legal existente, cuando no suponía una intervención que perjudicaba a la futura madre por lo agresivo de las técnicas utilizadas hasta la llegada de la píldora RU 486.

En la parte moral, aquellos que defendían que uno de los derechos irrenunciables del ser humano era el de la vida topaban con los que consideraban que el nasciturus (embrión hasta las doce semanas cuya vida todavía no es independiente de la madre) no podía ser considerado legalmente como ser humano. La batalla estaba servida.

Ante este panorama, en 2010 se logra dar un paso adelante con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo a iniciativa del PSOE (el quinto intento hasta la fecha), y curiosamente, el número de abortos desciende en nuestro país. Se realiza también una apuesta por facilitar el uso entre la ciudadanía de la llamada “píldora del día después” pero no como un anticonceptivo posterior a la relación, o al menos ése era el espíritu de la decisión.

Dos años después, en 2012 y con menos de un año de la mayoría absoluta del PP en el poder, nos encontramos con que Gallardón considera que para la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo debe existir consentimiento expreso de los padres o tutores en casos de menores de edad legal pero no sanitaria (16 a 18 años), un colectivo que canaliza una gran parte de los casos de embarazo no deseados. Posteriormente, con declaraciones como que existe “violencia machista” de carácter social que obligan a la mujer a abortar, el ministro de Justicia enciende a todos los colectivos progresistas, femeninos o no. Y ahora, elimina la malformación del feto como un caso legal válido para la interrupción del embarazo.

Un paso atrás para la mujer. Es triste expresarlo así, sobre todo porque soy defensor de aquellos que quieren llevar conscientemente adelante un embarazo aún sabiendo que existe una malformación , pero con posturas como ésta se obliga desde el Estado a que la futura madre o familia que no desea seguir adelante tenga que llevar una carga de la que luego nadie se hará cargo o con muchas dificultades salvo los que viven en el entorno más cercano y privado. Casos como éstos no van a generar cariño o aprecio hacia un recien nacido no deseado sino una situación que se verá agravada por la crisis económica, abriendo otras vías como será la adopción o la manutención por parte del Estado si no existe padres que deseen dicha acogida.

Y no es demagogia lo que encierran estas palabras, baste ver como en caso de malformación, la sociedad no es tan permisiva, a pesar de los valiosos intentos de asociaciones como Down España por encontrar un hogar aquellos niños que con este síndrome aún viven en centros de acogida pasados 8 años después de su nacimiento. Y eso es sólo una pequeña muestra.

Según datos recientes del ministerio de Sanidad, solo el 3% de los abortos realizados en 2010 se debían a malformaciones en el feto (sobre 3.300 casos). Sin embargo, esta estadística no tiene en cuenta que se produce una supeditación de los intereses de colectivos más conservadores sobre el resto de las libertades individuales de las mujeres independientemente de que compartan o no esa forma de ver la vida. Son solamente datos, pero en cada uno de los 3.300 casos realizados en 2010 existe el panorama familiar de 3.300 mujeres que han ejercido libremente su capacidad de elección gracias a la ley de 2010.

Además, estamos ante una decisión no carente de hipocresía, ya que otro de los hechos pronto constatables en el tiempo será que, a pesar de que una malformación pueda no ser válida como supuesto para el aborto, en el caso de existir un informe psicológico negativo sobre el impacto que dicho embarazo tendría sobre la mujer, la interrupción seguirá siendo válida. Y si el sistema público de salud no asume el gasto de dicha intervención, tampoco será problema ya que no tardará en reactivarse la maquinaria comercial ya explotó un vacío legal como negocio de 1985 a 2010.

Una verdadera lástima.

Más chinitas en el camino de la igualdad laboral


Levantarse para leer titulares como la portada de Málaga Hoy no solo nos hace recordar que no hemos avanzado nada sino que, como fruto de la crisis, se están dando paso atrás en la consolidación de derechos de la mujer en el mercado laboral.

Creo que pocas cosas producen más desazón que comprobar que 14.000 mujeres en Málaga volverán a “encargarse de la casa” después de intentar afrontar un nueva etapa que no las relegara a un papel demasiado tradiciona en nuestro país.

Sorprende que, en pleno discurso sobre el cambio del modelo productivo, sobre qué nichos de mercado puede acometer el empresariado español para sacarnos de la crisis, todavía no se ha abordado el hecho de que la mujer juega un papel secundario en el nivel de prioridades.

Una pesada mochila que ahora se ha agravado y que, por lo que se desprende de la información publicada hoy en Málaga, hará aún más inalcanzable la igualdad plena de sexos en el ámbito de la empresa y los negocios.

Una comedia sobre el fundamentalismo religioso: ¿”Y ahora adonde vamos?” (Nadine Labaki, 2011)


Plantear una película sobre el conflicto de religiones en Oriente Medio no es una tarea fácil y mucho menos hacerlo desde la comedia. Por eso la última obra de Nadine Labaki, (“¿Y ahora adonde vamos?“), destaca como un intento más de explicar la sinrazón que existe dentro de las posiciones extremas en el ámbito religioso, unas posturas que ya han hecho demasiado frecuente la convivencia con la muerte.

La directora hace una mezcla de partes bollywoodianas con momentos de drama para dejar el mensaje de si existe la convivencia posible en sociedades que mantienen su enfrentamiento religioso desde tiempos inmemoriales. Todo ello con un lenguaje y un estilo accesible a todos los públicos.

Rodada en el Líbano, recuerda a todos los escenarios que diariamente vemos en las noticias sobre Oriente Medio, a una realidad que sin ser presentada de modo cruel, parece condenada al conflicto armado tanto por la propia suerte como por los hombres que residen en el poblado, con el orgullo y los sentimientos primarios como únicos valores.

Una sociedad matriarcal donde se permite incluso la transgresión de los preceptos religiosos que condiciona la vida de sus ciudadanos con el fin último de que no se autodestruya y permanezca aislada del conflicto habitual entre cristianos y musulmanes. En este escenario imposible, la vía de la negociación es exclusiva de una visión femenina que encuentra, incluso y de forma paradójica, la colaboración de los líderes religiosos locales dentro de una lucha constante por mantener la vida de sus habitantes.

Se trata de una apuesta inteligente y, sobre todo, muy cargada de significado que provoca la necesaria reflexión de hasta dónde estamos dispuestos a llegar para mantener unas creencias que de forma frecuente se han mostrado como inamovibles en el tiempo y, en muchos casos, un freno para las mismas sociedades que las han adoptado como eje principal de su existencia.

Os dejo el trailer:

Necesitamos ser un poco más iguales: #NOalaViolenciaMachista


Hoy, 25 de noviembre, se conmemora el Día contra la Violencia de Género, una lacra en esta sociedad que deja titulares en prensa de los que ponen los pelos de punta. Así, podemos ver que, sólo en el último mes, continúan las detenciones de  hombres que siguen pensándose dueños de la vida de una persona o de su simple existencia, se analiza el drama de una situación que también afecta a los hijos de parejas rotas, que muchas más mujeres se animan a denunciar y poner de manifiesto lo que hasta hace no mucho se vivía de puertas para dentro, con el silencio cómplice de familiares, amigos y vecinos.

Las campañas de concienciación tienen su protagonismo relativo, estamos ante casos que son complejos de tratar en los que no siempre una orden de alejamiento o la propia vigilancia policial tienen el efecto deseado. Además, son casos que aún no cuentan con el suficiente rechazo social ni los suficientes recursos en materia de prevención como para que llegue un día en el que el número de víctimas por violencia de género sea igual a cero.

La discriminación, moral o laboral, es otro de esos casos en los que la mujer siempre sale perdiendo, como lo demuestra la comparativa de sueldos a trabajos similares entre personas de distinto sexo. Si desde un punto de vista teórico u objetivo nos parece lógico que dos personas que tengan la misma preparación o las mismas funciones deberían tener el mismo salario, no se entiende que encima, si esa preparación o funciones son superiores, varíe el trato dependiendo si esa persona es hombre o mujer. Estamos por tanto, a otra de las luchas que aún se mantienen desde que la mujer se incorpora de forma masiva a la productividad de un país relegando a un segundo plano las tareas del hogar, tradicionalmente asignadas también al sexo femenino.

Otro tipo de violencia machista que tiene su acogimiento en una sociedad que prefiere mirar para otro lado es la prostitución. Los propios medios de comunicación, que ponen el grito en el cielo cada vez que aparece un nuevo informe del Observatorio Estatal de Violencia contra la Mujer llenando páginas y colocando titulares escabrosos, no les duelen prendas al llenar a diario aún más espacio con las secciones de contactos y de relax. Se trata de un tipo de violencia que socialmente está consentida e incluso cuenta con un cierto respaldo legal si observamos los locales y clubs de alterne.

Frente a este último caso, ¿qué hacemos? No creo que esperar a que la moral deje de tener dos vertientes como hasta ahora sea la solución. Hasta hace no mucho, los centros de las ciudades tenían en estas “trabajadoras” (hasta el lenguaje ejerce su función más eufemística) y en los “clientes” a protagonistas habituales de la noche. Ahora parece ser más efectivo lo de “ojos que no ven”, y se prefiere que estén relegadas a polígonos, descampados o locales cerrados.

Existen voces que hablan de la necesidad de legalizar este tipo de “trabajo”, argumentando que se controlarían aún más las ETS e incluso dotarían de recursos a un sector que vive en la más profunda de las economías sumergidas. Pero estamos hablando de personas que pierden su condición más íntima para convertirse en mercancía, tanto si es con plena aceptación de la situación como si ha habido amenazas y coacciones.

Otras se escudan en las competencias administrativas dentro de este maravilloso Estado de las Autonomías para alegar inacción o incluso para multar a todos por igual cuando aquí existe una parte muy clara que es la que sale perdiendo desde el principio. Las mujeres que ejercen la prostitución no necesitan que se les multe, sino que se les proteja y salgan de esa situación cargando precisamente contra aquellos que las someten y toleran. Esas son las garantías mínimas del Estado de Derecho.

Por eso, es de vital importancia abrir los ojos igual que se viene haciendo desde los últimos años en la lucha contra esta lacra social en cualquiera de sus formas, combatiendo con todos los medios tanto legales como políticos disponibles a los que siguen manteniendo este status-quo, poniendo todos los recursos habidos y por haber para garantizar la protección y tratamiento de las víctimas y agotando todas las vías en medidas de prevención y concienciación que no se queden sólo en el efectismo de un día concreto como el de hoy.

Diez peticiones para el nuevo presidente del Gobierno


Acabo de darme una vuelta por el distrito de Palma-Palmilla (Málaga), donde estoy censado electoralmente, del que soy apoderado y he ejercido mi derecho a voto. Llueve y el ambiente es muy dispar, mientras que los interventores y apoderados del PSOE parece que están como apagados, los del PP se dan paseos militares de mesa en mesa, sin estar muy pendientes a los listados de censos o si sus papeletas están o no a la vista de los posibles votantes, como venía siendo habitual en anteriores citas electorales. Para ellos, el “pescado está todo vendido” y ya han dado visos de legalidad a las encuestas publicadas más que a las actas de los colegios electorales. A los de IU ni siquiera los he visto, ya no hablo de todos los demás partidos.

Llevaba las papeletas de casa, sobre todo dejando a buen recaudo la del Senado, que suele ser la que más cuesta rellenar si no estás acostumbrado a este tipo de menesteres, he metido los sobrecitos en las urnas, y me he vuelto al trabajo diario.

Son horas de cierto asueto, hasta dentro de un rato (14:00h) no empiezan a llegar los primeros datos de participación, así que ahí va la primera entrada:

Muchos de los que hoy van a votar, argumentarán sus motivos y peticiones, las mías las resumo en 10 puntos que saco tras las entrevistas que publicaron el pasado jueves y viernes en El País al que posiblemente será el próximo presidente del Gobierno:

1- Quiero un presidente del Gobierno que no sólo garantice las pensiones, sino que además, las suba de poder adquisitivo (las no contributivas y las que sí cotizan) no cada dos años, sino cuando corresponde. El IPC sube igual para todos cada mes, por lo que las pensiones deben hacer lo propio y no quedar congeladas o con subidas ridículas.

2 – Quiero un presidente del Gobierno que respete el tiempo de cotización de los que ahora trabajan y, aún a pesar de la crisis, pueden perder su puesto. También que ayude a los que se han quedado sin cotización, no excluyéndolos del sistema público ni amparándose en el “sálvese quién pueda” en materia de formación para empleo a conveniencia de lo que digan las 17 autonomías.

3 – Quiero un presidente del Gobierno que no recorte las transferencias a los gobiernos autonómicos ni a los Ayuntamientos, que ya están ahogados manteniendo sus propias penurias. Con eso sólo se conseguirá que se recorten servicios como educación o sanidad, y que suban aún más los impuestos autonómicos o locales.

4 – Quiero un presidente del Gobierno que no nos haga pagar por los medicamentos, sobre todo a los pensionistas. Los laboratorios ya tienen acuerdos cerrados con las administraciones para que se les pague lo que realmente merecen. Éstas compañías privadas se han lanzado a la competencia directa contra los genéricos, con lo que se demuestra que el denominado “medicamentazo” ha conseguido que el mercado privado tenga que amoldarse a la demanda, y no al revés.

5 – Quiero un presidente del Gobierno que no me haga pagar por la asistencia sanitaria pública. Ya la pago con mis impuestos, y si quiero una cobertura extra, me iré las empresas privadas sabiendo desde el principio que si tengo una enfermedad grave que requiera intervenciones quirúrgicas largas o tratamientos costosos, me van a “invitar” a que me lo cure la sanidad pública. También quiero que proteja la sanidad pública de la gestión privada, ya que los beneficios no revertirán en los ciudadanos sino en los accionistas/propietarios de dichas compañías.

6 – Quiero un presidente que mantenga la Ley de Dependencia, que no traslade a las familias el gasto social que supone cuidar a una persona dependiente o con discapacidad. Que les permita disponer de servicios como residencias, ciudadores profesionales o centros de día. Que no se base en la caridad para dejar tranquila su conciencia.

7 – Quiero un presidente del Gobierno que cumpla con el déficit pero sin acribillarnos con subida de impuestos. Ni quiero que suba el IVA (impuesto injusto con los que menos tienen), ni los de la gasolina, alcohol, tabaco o demás. Si se baja el IAE, que sea teniendo en cuenta medidas paralelas que realmente estimulen el mercado laboral no a costa de la flexibilización de los despidos manteniendo el mismo modelo productivo o a base de ayudas que sólo fomentan la contratación temporal a bajo coste. También quiero que no me haga pagar más por lo que ya tengo eliminando deducciones ya existentes en el IRPF o subiendo los baremos para becas y ayudas públicas.

8 – Quiero un presidente del Gobierno que mire cara a cara a las mujeres, que sea consciente de la lucha contra la violencia de género y que, con los preceptos que se desarrollan en la actual legislación, puedan decidir sobre su futuro y su propio cuerpo. Quiero que aquellos que ahora se sienten iguales al resto de españoles sin importar su condición sexual no sean excluídos, que puedan tener sus propias famlias y adoptar sólo basándose en una buena estructura que fomente el cariño y el respeto, no en lo que la moral religiosa nos imponga desde el púlpito.

9 – Quiero un presidente del Gobierno que apunte hacia la I+D+i y a sectores emergentes, no en fomentar el ladrillo. Somos una economía con un sector primario intervenido (PAC), un secundario que sobrevive a base de subvenciones públicas a multinacionales (sobre todo automoción), y un terciario que no sale del sol y playa.

10 – Quiero un presidente del Gobierno que mire antes por los ciudadanos que por el euro. Las medidas pueden llegar a ser o no impopulares dependiendo del grado de enrrocamiento con el que se parapete en La Moncloa, pero si tras una reunión del EcoFin nos venimos de Bruselas a casa con otra carpetita llena de recortes bajo la amenaza del rescate, prefiero que se mire antes por los que están más desprotegidos que por los que afrontarán la crisis con menos problemas o incluso hacen negocio con ella.

Ahora solo toca que el nuevo presidente del Gobierno esté a la altura, que sea valiente, que mire a la cara a sus votantes y les diga alto y claro lo que va a hacer, sabiendo que en el momento que toque un solo puesto de trabajo público, sindicatos y colectivos se echarán a la calle. A un país no se le saca de la crisis proporcionando material de artillería para huelgas generales o sectoriales. Que no sólo “haga lo que pueda”, sino que también “haga lo que debe” por proteger a quiénes lo han votado.

Feliz domingo.

Málaga 2016: alivio para cuerpo y mente


En pleno verano, Málaga capital coge plena actividad con la llegada de turistas, se engalana con sus mejores trajes y ofrece lo que tiene al visitante y a los que aquí vivimos para que se le haga más feliz el periodo vacacional.

Bares y restaurantes están a rebosar con el pescaíto frito por bandera mientras las playas y calles son un trasiego de gente buscando algo de descanso que sigue consumiendo dejando atrás todo lo que pueda sonar a crisis.

Y como no solo de pan vive el hombre, la relajación de la mente también tiene en los teatros Cervantes o Echegaray una planificación cultural extensa y en el Auditorio nos quedamos embelesados otra vez con las ácidas letras de Joaquín Sabina. Los museos también se llenan de exposiciones como las del CAC o el Museo Picasso y por su parte, el remodelado Cine Albeniz o el Teatro Alameda nos ofrecen buenas películas en versión original o que están fuera de los circuitos comerciales. Todo ello con las vistas puestas para que en 2016 nos elijan como la capital cultural de Europa.

Sin embargo, no muy lejos de la Alameda Principal, también existe por esta temporada otro tipo de oferta que ofrece con mayor énfasis otro tipo de servicios más centrado en la relajación del cuerpo y que también cuenta con sus fieles: la prostitución.

A diario las calles paralelas a la Alameda de Colón ofrecen su “género” al visitante, que si no le convence lo que ve, siempre puede acudir a las páginas de cualquiera de los principales periódicos locales donde en la sección de anuncios por palabras supongo que quedará plenamente satisfecho por los servicios “a domicilio”.

Es más, sin necesidad acudir a esos lugares alejados de dudosa reputación al filo de carreteras secundarias pero en los que todo el mundo sabe lo que hay dentro, tienen el Polígono Guadalhorce, que funciona casi las 24 horas del día poniendo en 20 ó 30 euros el precio de una mujer, mientras las administraciones se llevan las manos a la cabeza indignadas y no con cierto toque de sobre interpretación cuando sale a la luz la realidad in-situ de las mujeres que allí están. O si no, que alguien me explique que tipo de eventos culturales se realizan dentro del negocio conocido como New Escándalo (supongo que lo de “New” viene después de que lo cerraran anteriormente por ser un local de alterne a pesar del glamour del que intenta dotarse) para no haberlos cerrado ya de forma definitiva.

Y es que la Málaga candidata a Ciudad Europea de la Cultura pone a disposición del turista en su pleno centro y alrededores, un amplio catálogo de mujeres que están en situación irregular, que viven bajo la explotación de mafias y redes de tráfico de esclavas sexuales, que son atendidas a diario por personal sanitario y voluntarios que trabajan con precario apoyo institucional para sacarlas de este mundo o, de no poder, intentar evitar que las ETS (enfermedades de transmisión sexual) campen a sus anchas e, incluso, que son menores de edad. Todo ello a pesar de las quejas de vecinos, comerciantes, asociaciones de empresarios y personas de la calle normales y corrientes mientras seguimos hablando de igualdad en el trato entre hombres y mujeres o del papel de ésta última en nuestra sociedad predominantemente machista.

Ante todo esto, no puedo dejar de preguntarme lo siguiente:

¿Haría falta, por tanto, un escrito de otras 40 personas notables de la ciudad como se ha hecho con el Puerto de Málaga para que los que gobiernan se dediquen de una vez a eliminar la prostitución de las calles y polígonos de la ciudad?

¿Vivimos tan ensimismados en la imagen que da nuestro Puerto de Málaga o de nuestra calle Larios que no vemos que en un radio de 500 metros de esos mismos referentes las redes de la prostitución siguen campando a sus anchas?

Es más, ¿nuestros gobernantes esperan que aquellos que nos tienen que valorar como ciudad candidata para 2016 no se van a dar cuenta de esto mismo simplemente con dar una vuelta por determinadas calles céntricas sin tener que esperar a horas intempestivas?

Como siempre, son preguntas incómodas de las que más de uno con dotes de mando intentaría alejarse para no tener que contestar, quizá porque son un engorro o porque simplemente no están en la agenda mediática de nuestros representantes políticos.

Mientras tanto, hoy ha pasado otro día más, y las redes de la prostitución siguen haciendo caja en nuestra ciudad.

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