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La banca siempre gana


Hola, soy tu banco.

Me pongo en contacto contigo para decirte que siempre hemos mirado por tí. Cuando todo el mundo quería una casa, te dí el crédito sin preguntarte si ese trabajo que parecía cogido con alfileres iba a durar mucho. Siempre has sido nuestro cliente preferente, por eso te ofrecí unas condiciones ventajosas para que te hipotecaras hasta el valor de tasación y pudiste comprarte un coche nuevo, amueblar el piso e, incluso, irte de vacaciones. La vida nos sonreía a los dos, eran buenos tiempos, ¿te acuerdas?.

Incluso me llegaste a dejar el aval de tus padres o de ese abuelo que cobraba la pensión, pero era una mera formalidad, cobrabas lo suficiente como para que la cuota de la hipoteca que firmaste a más de 30 años no supusiera tanto. Te entregamos las llaves del piso y nos dimos la enhorabuena, cada uno ya tenía lo que quería.

Sabes que no hemos pasado por un buen momento. Hace tres años me contaste que a tu mujer la habían echado del trabajo y que estabas cobrando menos por una reducción de sueldos en la empresa. Que no tenías ni para comer y te estaban ayudando tus padres. Acuérdate de que cuando firmaste, el tipo de la hipoteca estaba referenciado al Euribor y que ahora el BCE nos cobra más caro el dinero. Después, por desgracia, te echaron a tí también.

Pero como creíamos firmemente en esa amistad, te dejamos una moratoria mientras encontrabas empleo. Sabíamos que la situación era dificil y confiábamos en que lo conseguirías, pero no pudo ser y ahora tu padre está pagando la hipoteca con su nómina.

Nos preguntaste si entregando la casa es posible anular la deuda, pero las condiciones han cambiado. Ahora tu casa vale un 40% menos y nosotros seguimos teniendo esa hipoteca en nuestro pasivo por el importe total. Quizá debíamos haber sido un poco menos ambiciosos, pero… todo el mundo puede equivocarse, ¿no? Para tu consuelo, decirte que hemos aprendido y que por el bien de nuestro sistema financiero no volverá a pasar.

El objetivo de que te esté contando esto es porque vamos a embargarte el piso. Entendemos que ahí estáis viviendo con la pequeña, pero debes comprender que tenemos que eliminar un activo que nos está perjudicando en nuestro balance y, por consiguiente, a nuestros accionistas. No sabes la presión que tenemos por aquí cada vez que convocamos una junta.

Es un momento dificil y sabemos que vamos a cambiarte la vida, pero seguro que tus padres podrán hacerte un hueco. La familia es generosa y en estos periodos es cuando más hay que disfrutar de las relaciones familiares, aprovéchalo y mira siempre hacia adelante, conseguirás tus sueños.

Deseándote lo mejor, solo añadir que no te preocupes por nosotros. La casa saldrá a subasta y pujaremos por ella a través de una filial que conseguirá al menos un precio del 50%-60% de su valor. Como tenemos margen de beneficio, conseguiremos ofrecer otra hipoteca y sanearemos el balance con la diferencia.

Sin otro particular, recibe un fuerte abrazo,

Fdo. Tu banco

PD: Quizá habrás escuchado que el BCE nos va a inyectar unos 100.000 millones para que todo vaya más rápido. Se trata de dinero de tus impuestos que se han incluido en el ESM (European Stability Mechanism) y que vendrán directamente a nuestra tesorería. Compraremos deuda española a casi el 6% de interés y será el propio Estado el que nos sanee las cuentas poco a poco con los intereses. Haremos buen uso de él, confía en nosotros.

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Sobre la apatía hacia la clase política


Acabo de terminar de leer un artículo de Manuel Jiménez Friaza en La Opinión de Málaga titulado “Hablar: acto político” en el que se hace bastante hincapie en la importancia de la oratoria y el lenguaje no verbal en el discurso político a colación de actos como el gesto de Aznar en Oviedo o las declaraciones de Esperanza Aguirre sobre los puestos quitados en Cajamadrid a un supuesto vástago de dudoso padre. También, y eso es lo que más me ha interesado, en el concepto de cercanía entre el político y el elector en estos tiempos que corren.

En el artículo de Jiménez Friaza, como siempre que se habla de oratoria en la política española, se pone como ejemplo a las dos personas que consiguieron dar otra vuelta de tuerca a los usos y maneras que se gastaban nuestros políticos en la primera mitad del siglo XX, tanto por su discurso como por su relación con el electorado: Manuel Azaña y José Ortega y Gasset. Desgraciadamente, toda esas nuevas formas cayeron en el olvido con la dictadura de Franco y su discurso permanente de la victoria de 1939. Una postura que cambió afortunadamente con la posterior Transición y su constante interés en que tanto vencedores como vencidos no se apearan del proyecto democrático que entonces estaba naciendo. Se escogían todas y cada una de las palabras que salían en boca tanto de gobernantes como de miembros de la oposición para apelar al sentimiento de unidad y confianza en el proyecto democrático en ciernes, una actitud que se echa de menos, tanto para los que lo vivieron como para los que hemos comprendido su significado a pesar de no haber podido estar allí, como es mi caso.

Tirando de nuestra Historia Contemporánea, rescato a colación un extracto de uno de los discursos de Azaña, en concreto uno referido a la relación entre los partidos políticos de la IIª República y el pueblo español, que me viene como anillo al dedo para intentar entender por qué tanto Gobierno como oposición siguen jugando al ratón y al gato para seguir favoreciendo el clima de desacuerdo y enfrentamiento:

Yo disculpo a los gobernantes que, afanados en sus tareas de los ministerios y del Parlamento, pueden llegar, sin saberlo, a encontrarse divorciados de la opinión pública; pero compadezco a los gobernantes que no tienen ocasión de recibir del pueblo directamente la recompensa, la grata recompensa de la efusión sentimental y cordial en premio de los aciertos que el destino les haya deparado. Y en esta situación posterior, que es lastimosa para quien pasa por ella, podía haberse encontrado el Gobierno que presido si estas vacaciones parlamentarias, lo mismo a mí que a los demás compañeros de Gobierno, no nos hubiesen permitido ir a hablar directamente con el pueblo español y a recoger de los republicanos españoles, es decir, de la inmensa mayoría del país, aquellas demostraciones ingenuas de lealtad, de adhesión y de entusiasmo que la obra realizada por el Parlamento y por el Gobierno nos han hecho recibir del pueblo español.” (Santander, 30 de septiembre de 1932)

No menos claras son las palabras de Ortega y Gasset sobre la necesidad de llegar a acuerdos en el Parlamento cuando se tratan temas de profundo calado. En concreto, del debate parlamentario que se generó también en 1932 entorno a la tramitación de la reforma agraria y del Estatuto de Autonomía de Cataluña, rescato lo siguiente:

Porque la República necesita de todas las colaboraciones, las mayores y las ínfimas, porque necesita -queráis o no- hacer las cosas bien, y para eso todos somos pocos. Sobre todo en estos dos enormes asuntos que ahora tenemos delante, la reforma agraria y el Estatuto catalán, es preciso que el Parlamento se resuelva a salir de sí mismo, de ese fatal ensimismamiento en que ha solido vivir hasta ahora, y que ha sido causa de que una gran parte de la opinión de haya retirado la fe y le escatime la esperanza. Es preciso ir a hacer las cosas bien, a reunir todos los esfuerzos. El político necesita de una imaginación peculiar el don de representarse en todo instante y con gran exactitud cuál es el estado de las fuerzas que integran la total opinión y percibir con precisión cuál es su resultante, huyendo de confundirla con la opinión de los próximos, de los amigos, de los afines, que, por muchos que sean, son siempre muy pocos en la nación. Sin esa imaginación, sin ese don peculiar, el político está perdido“. (Madrid, 13 de mayo de 1932).

¿Dónde nos encontramos ahora? En una muy preocupante apatía hacia la clase política en una crisis económica en la que es más necesaria que nunca. Sólo hay que echar un vistazo a las portadas de hoy para darnos cuenta que los dos partidos mayoritarios se han instalado en ambas trincheras mientras el ciudadano de a pie sigue bregando con la crisis. Mientras unos hablan de sumar y no restar (PSOE) los otros responden que apelar a esa suma será traicionar a los españoles (PP). En medio de toda la trifulca, la lealtad, el entusiasmo y la adhesión a la que ya hacía referencia Azaña hace casi 80 años, o el ensimismamiento del Parlamento del que hablaba Ortega y Gasset, siguen siendo protagonistas. El resultado es más que evidente: mientras asistimos a episodios de acusación mutua, el electorado ya ha situado a la clase política dentro del “top five” de los problemas de los españoles según el CIS, sólo antecedido por el paro, la crisis económica, la inmigración y el terrorismo.

Personalmente, tengo la firme convicción de que la política cumple su función cuando se usa para mejorar el bienestar común más allá de los intereses personales de los grandes grupos de presión. Por desgracia, el desapego que se siente entre nuestra sociedad hacia los políticos, sobre todo en las personas más jóvenes que son las mismas que no ejercen su derecho a voto por sentirse al margen, no favorece a un sistema democrático que sigue condenado a aumentar las tasas de absentismo electoral. Esto, probablemente, sea muy útil y placentero para los denominados “convencidos” de cada una de las opciones ideológicas que se presentan a las elecciones y para los nuevos partidos políticos que se configuran como alternativas pero que siguen cayendo en los mismos defectos (Ciudadanos, UPyD), pero no sólo aleja la actividad política de los gobernados, sino que estos ponen, probablemente sin ser concientes de ello, los cambios que sufrirán en su propio modo de vida en las manos de otros.

Confío, espero que no de forma ingenua, que la esperada recuperación económica que se espera para mediados-finales de este año cambie la actitud tanto de los que gobiernan como de la oposición para intentar trasladar a la opinión pública un clima de protección social y, sobre todo, de abandonar la frialdad de las relaciones político-elector en la que parece que nos hemos instalado fruto de la crisis.

La crisis se lleva por medio a otros compañeros


Hace no mucho os presentaba la realidad del periodismo en Málaga en estos momentos de crisis económica, sobre todo en las teles locales. Desde entonces ha llovido algo más, y a nuevas reestructuraciones anunciadas por ABC, El País o El Mundo, se han unido los cierres de los diarios Metro, la edición digital de ADN o, como se ha conocido hoy mismo, la finalización de las emisiones de la edición española del canal económico Bloomberg. A mí, especialmente, éste último canal me parecía de lo mejorcito que se podía ver en la televisión temática, y lamento que como único referente nos quede ese pseudocanal de finanzas conocido como Intereconomía.

Otro mazazo para el periodismo. Atrás dejamos unos tiempos de bonanza donde, a golpe de ladrillo y más ladrillo, nos fabricamos una burbuja casi de cristal en la que el dinero en efectivo y el consumismo imparable nos tapaban la realidad y la fragilidad de nuestros recursos. Ahora, los bancos que anuncian a bombo y platillo sus beneficios, van de víctimas y agregan que el problema no es de ellos, sino de la denominada “economía real”, o lo que es lo mismo, nosotros. Sin embargo, no hace menos de un año, todavía no tenían reparo a seguir dando préstamos tanto hipotecarios como personales para que no nos privasemos de nada, aunque las garantías de los solicitantes no estuviesen tan claras.

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