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La marcha atrás del aborto


Trabajando en unas valoraciones sobre la propuesta del ministro Alberto Ruiz Gallardón de eliminar de los supuestos para la interrupción voluntaria del embarazo la malformación del feto y el consecuente agradecimiento por todos los sectores provida y conservadores, me he parado a pensar en los pasos que hasta ahora se habían dado en lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres y en como afectará de cara al futuro.

Además, nos enteramos por informaciones en los medios que también se baraja la posibilidad de que sea solo la valoración psicológica la que prevalezca a la hora de realizar una interrupción voluntaria del embarazo.

Antecedentes jurídicos hasta 2012. En el tercer curso de la Licenciatura de Periodismo me tocó participar en un trabajo de Relaciones Públicas por el que, a modo de lobby, tenía que llevar a cabo una defensa cerrada del aborto, sobre todo en el aspecto legislativo. En ese momento, 1999, España estaba anclada en la ley de supuestos (solo tres) y analizando cómo estábamos en comparación con otros países, podíamos sentirnos orgullosos de ser de los más restrictivos.

Así, de una tanda de países que incluía desde los más cercanos como Portugal, Francia, Reino Unido, Alemania o Italia, hasta otros más alejados como Estados Unidos o Japón, España tenía el dudoso honor de ser de los más fervientes detractores de una práctica que condiciona no solamente la vida de una mujer que no puede interrumpir su embarazo no deseado, sino que, en casos como malformación, creará una carga social adicional de la que luego es difícil encontrar quien se haga corresponsable.

En el primer grupo de países, el de aquellos que habían despenalizado el aborto implantando una ley de plazos, se encontraban Alemania, Francia, Italia o Estados Unidos. En el segundo grupo, el de aquellos que contaban con una legislación de supuestos que también incluía la malformación del feto, Reino Unido, Portugal y Japón tenían sus máximos exponentes.

Y luego estaba España, que se situaba un poco más allá en la parte conservadora ya que la ley de supuestos de 1985 dejaba la puerta abierta a un posible “cuarto supuesto”, aquel al que se refería cuando mantener el embarazo supondría un grave perjuicio social y psicológico para la madre, por el cual se podría llevar a cabo la interrupción del mismo dentro de las doce primeras semanas de gestación. Fué el argumento perfecto para crear un negocio del que se han lucrado muchas clínicas en nuestro país aprovechando el vacío legal existente, cuando no suponía una intervención que perjudicaba a la futura madre por lo agresivo de las técnicas utilizadas hasta la llegada de la píldora RU 486.

En la parte moral, aquellos que defendían que uno de los derechos irrenunciables del ser humano era el de la vida topaban con los que consideraban que el nasciturus (embrión hasta las doce semanas cuya vida todavía no es independiente de la madre) no podía ser considerado legalmente como ser humano. La batalla estaba servida.

Ante este panorama, en 2010 se logra dar un paso adelante con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo a iniciativa del PSOE (el quinto intento hasta la fecha), y curiosamente, el número de abortos desciende en nuestro país. Se realiza también una apuesta por facilitar el uso entre la ciudadanía de la llamada “píldora del día después” pero no como un anticonceptivo posterior a la relación, o al menos ése era el espíritu de la decisión.

Dos años después, en 2012 y con menos de un año de la mayoría absoluta del PP en el poder, nos encontramos con que Gallardón considera que para la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo debe existir consentimiento expreso de los padres o tutores en casos de menores de edad legal pero no sanitaria (16 a 18 años), un colectivo que canaliza una gran parte de los casos de embarazo no deseados. Posteriormente, con declaraciones como que existe “violencia machista” de carácter social que obligan a la mujer a abortar, el ministro de Justicia enciende a todos los colectivos progresistas, femeninos o no. Y ahora, elimina la malformación del feto como un caso legal válido para la interrupción del embarazo.

Un paso atrás para la mujer. Es triste expresarlo así, sobre todo porque soy defensor de aquellos que quieren llevar conscientemente adelante un embarazo aún sabiendo que existe una malformación , pero con posturas como ésta se obliga desde el Estado a que la futura madre o familia que no desea seguir adelante tenga que llevar una carga de la que luego nadie se hará cargo o con muchas dificultades salvo los que viven en el entorno más cercano y privado. Casos como éstos no van a generar cariño o aprecio hacia un recien nacido no deseado sino una situación que se verá agravada por la crisis económica, abriendo otras vías como será la adopción o la manutención por parte del Estado si no existe padres que deseen dicha acogida.

Y no es demagogia lo que encierran estas palabras, baste ver como en caso de malformación, la sociedad no es tan permisiva, a pesar de los valiosos intentos de asociaciones como Down España por encontrar un hogar aquellos niños que con este síndrome aún viven en centros de acogida pasados 8 años después de su nacimiento. Y eso es sólo una pequeña muestra.

Según datos recientes del ministerio de Sanidad, solo el 3% de los abortos realizados en 2010 se debían a malformaciones en el feto (sobre 3.300 casos). Sin embargo, esta estadística no tiene en cuenta que se produce una supeditación de los intereses de colectivos más conservadores sobre el resto de las libertades individuales de las mujeres independientemente de que compartan o no esa forma de ver la vida. Son solamente datos, pero en cada uno de los 3.300 casos realizados en 2010 existe el panorama familiar de 3.300 mujeres que han ejercido libremente su capacidad de elección gracias a la ley de 2010.

Además, estamos ante una decisión no carente de hipocresía, ya que otro de los hechos pronto constatables en el tiempo será que, a pesar de que una malformación pueda no ser válida como supuesto para el aborto, en el caso de existir un informe psicológico negativo sobre el impacto que dicho embarazo tendría sobre la mujer, la interrupción seguirá siendo válida. Y si el sistema público de salud no asume el gasto de dicha intervención, tampoco será problema ya que no tardará en reactivarse la maquinaria comercial ya explotó un vacío legal como negocio de 1985 a 2010.

Una verdadera lástima.

Ella, la mano para salir de la otra crisis


Se llama Cristiana y viene de Nigeria. Supongo que a partir de esta introducción empezamos a intuir cual ha podido ser el transcurso de su vida. Pero necesitamos más datos: está soltera, tiene 35 años, un niño y ha decidido ayudar a las compatrionas que no tienen su misma suerte. Ella tiene permiso de residencia, estudios, habla perfectamente español e inglés…

Por eso hace menos de un año, en el distrito malagueño de la Palma-Palmilla, uno de los baúles de la inmigración no regularizada del sur de España, puso en marcha la Asociación de Madres Nigerianas. Una plataforma que ha conseguido dar cobertura a una veintena de mujeres, todas ellas solteras, que llegan a nuestro país en una de las muchas pateras que cruzan el Mediterráneo al cabo del año. Son chicas jóvenes, de no más de 24 años, que deciden dar solas un paso adelante para mejorar su calidad de vida en el Primer Mundo. Arriesgan su propia existencia y las de sus hijos en una travesía que ya ha ahogado más de una vez este sueño.

Pero el camino, una vez en tierra firme, no va a ser fácil. A pesar de que puedan recibir asistencia de organizaciones como Cruz Roja saben que tienen que encontrar su propia subsistencia y todo serán impedimentos, sobre todo ahora.

No piden para comer o vestir, no se atreven. Muchas no saben ni donde están y tienen miedo a que cualquier contacto con las autoridades les suponga la expulsión del país o que sus hijos sean adoptados por el sistema. Por eso son las mujeres de asociación las que llenan ese vacío, les prestan ropa y ponen un plato sobre la mesa. Si la crisis ha activado redes de solidaridad en el ámbito familiar, aún es más fuerte ese lazo cuando se trata de evitar que una madre, aunque sea una desconocida, se quede en la calle.

Tampoco pueden acceder a una vivienda. No tienen una dirección fija que les permita escolarizar a sus niños en el sistema educativo público, por eso vuelven a ser las socias las que dan cobijo, en sus propias viviendas o en alguna de alquiler para que puedan establecerse. Aquí también luchan contra el negocio paralelo en los denominados “pisos patera”, que va desde un sobrecoste por el hecho de que el inquilino sea inmigrante a amenazas casi a diario para que paguen el alquiler con la amenaza de ser expulsados. Evidentemente, cualquier tipo de contrato de arrendamiento es inexistente.

Y quieren trabajar para tener sus propios ingresos pero no saben dónde ni cómo. Al no tener permiso de residencia no pueden ser contratadas de forma legal. Además vienen del ámbito rural, con lo que no saben un oficio, lo que pone en marcha de nuevo esta red femenina de solidaridad que les enseña alguno como hacer trenzas y adornos para el pelo… Son inicios humildes, los mismos que sus aspiraciones, pero que consiguen que vayan poco a poco encontrando su sitio.

Sus problemas no son los nuestros. Carecen de tarjeta sanitaria y se creen bulos fruto de las últimas reformas como que por asistir a las urgencias de un hospital público tendrían que pagar una media de 20 euros solo por ser asistidas. Tampoco encuentran hueco en los bancos de alimentos porque están desbordados. Y las que pueden, luchan por regularizar su situación a pesar de las muchas trabas que se les ponen desde las autoridades, como es el hecho de tener aval de haber residido 3 años en nuestro país, un requisito imposible si el padrón de habitantes no las recoge o ni tienen un contrato laboral. Además, sus hijos no poseen la nacionalidad española a pesar que que alguno haya nacido aquí, lo cual no hace más que poner más piedras en su día a día.

De hay mi interés por hacerle un hueco en este blog. Ella consigue que aquellas que inician su travesía en soledad encuentren la compañía necesaria, una ayuda desinteresada que las haga crecer y mantenerse. Es la protagonista de otra realidad que existe y no por eso no debe de ser olvidada.

Buen fin de semana.

¿Estamos preparados para el individualismo?


* Artículo publicado en la Revista El Observador

Este fin de semana he podido ver “El poder del dinero” en la web de RTVE, una interesante reflexión sobre por qué los individuos que participan en la economía de mercado se comportan de forma irracional. Es una visión contraria a la teoría económica imperante desde mediados del siglo XX con Adam Smith y su “mano invisible” a la cabeza, que parecía que había solventado esas dudas navegando a través de un mar de matemáticas y fórmulas indescifrables sobre el ser humano en sociedad.

El documental se basa exclusivamente en el individualismo y la generación de riqueza personal, una máxima de la forma de vida anglosajona, bien sea a través de los negocios (capitalismo) o la religión (protestantismo). Pero, ¿dónde queda la sociedad y como nos ha afectado esta forma de vida en España?

En nuestro país, a la Guerra Civil le siguió una dictadura que, fruto del intervencionismo del Estado como economía de post-guerra, comenzó a consolidar unos derechos colectivos que se han mantenido hasta nuestros días, por muy duro que sea admitirlo. Elementos como la educación obligatoria o la sanidad pública estaban en los primeros puestos de inversión del estado (junto con la obra pública como generadora de empleo) para, una vez llegada la democracia, ser el caldo de cultivo del Estado del Bienestar. Entramos en los felices 80´s y 90´s y en la UE y nos convertimos en un país civilizado que abría los ojos, pero con un fuerte sentido social de protección hacia el más desfavorecido o el que puntualmente necesitaba ayuda sin mermar la dignidad del que recibía esa protección. Los trabajadores, por su parte, encontraban ese mismo respaldo con el Pacto de Toledo.

Los años sucesivos al  2000 nos traen el boom inmobiliario y todo iba viento en popa ya que hasta el españolito de a pie que no acababa los estudios obligatorios podía tener un sueldo que le permitía independizarse (aunque fuera a plazos) y crear una familia. Y el que tenía estudios superiores optaba por presentarse a alguna oposición de las muchas administraciones que se iban descentralizando. Todos con casa o coche nuevos: nos iba de perlas.

Esta visión de éxito aumenta el poder del individuo frente a la sociedad, dejando a un lado otras tesis más proteccionistas o patriarcales. Por parte de los sectores más conservadores se promulga todo aquello que olía a neocons mientras que desde la propia izquierda los que abrazaban el comunismo o el socialismo tienen que reinventarse para acoger un sentir más capitalista.

Como todo va bien, se descuida que es el Estado el encargado de velar de que la sociedad asuma cierta parte de responsabilidad que garantice un mínimo de subsistencia a sus ciudadanos sin tener que caer en la indigencia o la caridad, otro término que también es muy querido por los más conservadores, sobre todos de los que quieren redimir pecados en otros mundos alejados de éste.

Además, la propia mejoría (real o irreal) del status de las antiguas clases trabajadoras hace que aparezca una clase media que ideológicamente es incapaz de diferenciar en muchos casos las políticas que se llevan a cabo por parte de los partidos mayoritarios, como son en nuestro país PP y PSOE. Aunque sigan existiendo diferencias de fondo.

Pero navegar por los matices no es fácil si sumamos que los políticos se han convertido en uno de los principales problemas de nuestro país cada vez que sale una encuesta del CIS, una ciudadanía que no participa ni se muestra interesada en participar en el sistema establecido a través de las urnas. Máxime cuando es imposible aplicar teorías políticas puras que no tengan en cuenta nuestro ámbito económico europeo gracias a la adopción del euro como moneda, la fluctuación de los mercados, los intereses empresariales y sindicales… etc.

Ahora, fruto de la crisis económica y bajo mandato de la UE, debemos aligerar aún más la carga con la premisa de minimizar costes del sector público y la mirada puesta en el déficit cero a toda costa. No deja de ser preocupante como la crisis de las teorías económicas que no han podido preveer el crash inmobiliario se ha traducido en una crisis política de valores sin precedentes que dado un nuevo giro a la reinvención ya comentada. Sobre todo de los partidos políticos españoles que han accedido al gobierno: ahora el PP tiene que tener en cuenta en sus medidas a una parte de la sociedad con menos recursos desde el punto de vista de las coberturas públicas, algo que no estaba en sus planes, después de que el PSOE tuviera que aplicar recortes que afectaban a las mismas clases que sustentaban su voto, no sin lamentarse varias veces por ello.

Por eso, ¿estamos preparados para ser individualistas o para que recojamos por parte del sector público solo aquello que sea exclusivo del fruto de nuestro trabajo/aportación? Sinceramente, creo que no.

La tradición nos dice que el papel que le da la ciudadanía española al sector público es mucho más importante como garante de las políticas sociales que como gestor de servicios ya privatizados o concertados. Una postura que parece que se quiere romper con la tanda de medidas que llevamos viendo desde que el Gobierno de Rajoy comenzó este año 2012 y que afectará a los beneficiarios futuros de la educación, sanidad o cobertura por desempleo públicos, y eso es solo el principio.

El peligro reside en que se puede provocar una fractura generacional entre los que venían de una concepción proteccionista del Estado y de aquellos que, quizá por considerar que no tener nada que perder (aparentemente), no contemplan la posibilidad de seguir manteniendo esa faceta tutora propia del sector público.

Por lo pronto, el frente común conservador que existía en la UE entre Alemania-Reino Unido y Francia ya se ha roto por este último fleco con la llegada del socialista Hollande al poder en sustitución de Sarkozy. No ayuda a mantener esa visión del Estado solo como ente gestor la pérdida en intención de voto de las siglas que defienden tanto Merkel como Cameron en las elecciones regionales de sus respectivos países, que serán los próximos en tener que revalidar sus mandatos en clave nacional. Un frente que había servido para justificar la toma de medidas en nuestro país por parte de Rajoy.

Veremos que pasa.

Cundir con el ejemplo


Hoy me he levantado con la imagen de cientos de personas en Málaga portando banderas y camisetas de la selección española orgullosos de mostrarlas hasta altas horas de la madrugada.

Con la mirada de aquellos que, ilusionados, han dejado por unas horas de pensar en datos del paro, o en el constante bombardeo que supone escuchar a los líderes políticos y sindicales con constantes enfrentamientos en una estrategia de desgaste cuando la paciencia de los que lo están escuchando hace tiempo que se acabó o simplemente dejaron de hacerlo.

Con la conciencia de que unos deportistas que no tienen tanto renombre diario en la prensa deportiva como CR9 y demás, y que han conseguido gracias al esfuerzo colectivo sin egoísmo y demostrando los premios del esfuerzo, levantar la moral de todos y darnos una lección de humildad por la defensa de unos colores.

Con la esperanza de que, aprovechando el periodo estival y la sobredosis de optimismo que nos ha inculcado este Mundial de Fútbol, aquellos que son los que dirigen nuestra vida cotidiana local, se pongan las pilas de una vez, saquen del cajón los proyectos que quedaron relegados ante la penuria nacional que nos invade y los pongan sobre la mesa para salir cuanto antes de la precariedad que padecemos como economía.

Desconozco si una final de fútbol puede llegar a cambiar el modelo productivo de un país, si será capaz de transformar un PIB que en el último trimestre parece que ha dado un mínimo respiro o hacer que aumenten los gastos en innovación, educación o sanidad, pero es un hecho de que afecta a nuestra forma de ver las cosas, a coger un poco de aire e intentar mirarnos desde un punto de vista no copado por el fracaso.

Esta selección lo ha ganado todo y nos ha ganado a todos desde hace tiempo, supongo que ahora es el momento de devolverles el favor que nos han hecho a todos y cada uno de nosotros y afrontar esta semana y los próximos meses con el convencimiento de que podemos y sabremos salir de la crisis.

Desconectados digitales (I): ¿hay vida después de Facebook?


Fundación Telefónica: perfil de los internautas en España (2009)

Facebook para mí es una pérdida de tiempo en el que sólo se cotillea. Me doy de baja”. Así de tajante se ha mostrado hace poco una buena amiga con la que he tenido la oportunidad de hablar sobre las vulnerabilidades de las redes sociales y la forma en la que nos enfrentamos a ellas. Llevaba tiempo pensando en que ocurría con aquellos que, tras probar e interactuar con Facebook, deciden largarse y dar por concluida la experiencia de tener un yo digital en esta plataforma, a ellos va dedicado este post (bueno, también a los que me leen cada vez que actualizo el blog, que últimamente se van manteniendo… gracias).

¿Estamos ante un caso de “fraude” en las expectativas? Son esas personas, las que viven o deciden vivir sin Facebook, Twitter, Tuenti o Flickr, las que pueden ser objeto de estudio para los que navegamos por la web 2.0 con mayor o menor éxito si miramos el perfil del internauta en nuestro país, pero antes de entrar en materia, quiero recordar como está España en cuanto a la implantación de internet y de los internautas, gracias a los datos desprendidos a lo largo de 2009 de la última encuesta del INE sobre este tema tanto para particulales como para empresas, del informe 2009 de la Fundación Telefónica sobre la Sociedad de la Información y de la última encuesta de AIMC a los usuarios de Internet:

1) Particulares: El 33,7% de los hogares españoles no tiene ordenador y esa tasa se eleva hasta el 48,7% si nos referimos a la existencia de una conexión a internet. Además, dentro del número de internautas existentes según esa misma encuesta, que asciende a los 21 millones de españoles, sólo el 53,6% son usuarios frecuentes con al menos una visita a la semana.

2) Empresas: Están mejor posicionadas y tanto la inexistencia de ordenadores en las mismas es meramente residual y la falta de conexión a internet se movería entre el 13,3% y el 3,8% de las mismas. En cuando a uso, también el acceso no frecuente a internet es prácticamente inexistente.

3) Recordar que en España existen, aunque la última contabilización del INE es de 2005, en torno a 21.900 personas atendidas en centros para personas sin hogar en nuestro país, una cifra que sin duda ha aumentado a raíz de la inmigración no controlada y la actual coyuntura económica. Ese espectro de población queda también al margen de todo lo que tenga que ver con las nuevas tecnologías y el uso de internet, como es obvio.

Fundación Telefónica: uso de Internet en España (2009)

Por lo tanto, existe una cantidad importante de personas que directamente, no sabe ni por asomo que existen las redes sociales. Pero ¿qué hay de los que ya navegan por internet y deciden darse de alta en una red social?. La vertebración principal de la integración con las redes sociales es el uso del correo electrónico, sin el que no podemos existir en las distintas plataformas que han ido surgiendo a lo largo de estos últimos años. Y es que en nuestro país, el uso del email llega a una implantación superior al 96% según AIMC. De hecho, es el uso más destacado para los españoles en la Red, por encima de la propia navegación web, el P2P (con lo piratillas que somos), chat, los foros de discursión o la transferencia de archivos vía FTP.

Al usuario español le encanta el email y, aunque lo centro en la experiencia personal, podemos llegar a tener varias cuentas tanto personales (gratuitas o no) como profesionales. Entonces, nos decidimos a dar el salto a las redes sociales, con Facebook a la cabeza de todas ellas en nuestro país: seis millones de usuarios activos, de los que un 50% entra a diario y el principal término buscado a través de Google. Es decir, tiene alta fidelidad y genera interés, aunque, sin embargo, tenga su principal escollo en la protección de los datos facilitados. Es cierto que Facebook necesita de un mínimo de datos indispensables para poder funcionar correctamente y que, conforme pasan los días, nos manda mensajes amables en un intento de “quiero saber más de tí, actualiza tu estado” o “tu perfil está completo a XX%”, ¿pero a qué nos enfrentamos?

Como somos muy disciplinados, tras las petición de Facebook, subimos fotos nuestras para ponernos una cara y las de nuestros amigos, decimos donde trabajamos o donde hemos estudiado, nuestro día de cumpleaños para que nos feliciten o incluso vocear a los cuatro vientos digitales quién es nuestra pareja en este momento, aunque desconozco desconozco si Facebook entiende de divorcios o de separaciones. También estamos orgullosos de nuestro blog, de la presencia en otras redes sociales (todo muy cool) y las vinculamos a nuestro muro para que todo el mundo sepa que tenemos vida digital, e incluso rellenamos los apartados de música/escritores/gustos/aficiones que nos apasionan… es decir, estamos ahí y queremos que todos sean conscientes de ello. Además, con datos que son inofensivos en principio, aunque hay quién no duda en poner teléfonos móviles de contacto o direcciones de mensajería/chat (sobre todo a través de MSN) de forma desprotegida. Pero al margen de los problemas que conlleva la privacidad de datos en la red y de la que Facebook ha dado sobradas muestras de ello, por lo que serán objeto de análisis en una segunda entrega, quiero pensar que esos “desconectados digitales” no son tan extraños como nos pueda parecer, por lo que quizás podamos aprender algunas cosas a los que aquí seguimos.

En primer lugar, Facebook o cualquier red social no puede ser un sustituto de la propia relación interpersonal en sí, es un error concebir una herramienta tecnológica como la panacea para que nuestra vida social aumente. Sobre todo porque si somos unos siesos (me incluyo en esta definición), ni Facebook en 3D podrá solucionárnoslo. Es más, Facebook puede deteriorar las relaciones precisamente porque establece el filtro de “sólo soy tu amigo cuando me conecto” o lo que, llevado al extremo de los más entusiastas, convierte en mandamiento lo de que “si no estás en la red, simplemente no existes”.

En segundo lugar, Facebook es una red tan amplia que encontrar perfiles con afinidades concretas sólo a través de ella es literalmente imposible. Y no se trata de encontrar parejas, sino de que los contenidos que aparecen a diario por la actividad de nuestros amigos, que publican igual que nosotros, nos pueden hacer perdernos entre tanta información. Facebook, al igual que otras redes sociales, no permite la categorización de contenidos, o un determinado filtrado temático o por zonas geográficas (será esa una evolución próxima), por lo que resulta literalmente imposible seguir lo que dicen o hacen nuestros contactos si tenemos un número alto. Si a ello le unimos que nos sumamos a grupos con causas muy dispares, la mezcla de contenidos es como una gran torre de Babel digital, en la que no sabemos hacernos nuestro espacio propio.

Por último, y no por ello menos importante, la curva de aprendizaje de Facebook, si bien es corta por enfrentarnos a una interfaz muy intuitiva en un principio, nos lleva a enfrentarnos a un sistema no carente de complejidades, sobre todo en periodos críticos como la eliminación de una persona como amigo, el dejar de pertenecer a un grupo o página, la limitación de los emails que nos manda Facebook como notificaciones al correo electrónico, o la ya archimencionada privacidad de los datos que quedan a disposición de propios (amigos aceptados) como extraños.

Fundación Telefónica: pertenencia a redes sociales en España (2009)

Por ello, creo que mucho se sigue hablando de la Web 2.0 (semántica frente a la información), pero… ¿qué tenemos que ofrecer a esa misma forma de vida digital? Y no creo que es porque no estemos preparados, sino porque el uso de las redes sociales en muchos casos no es el adecuado y si nos cuesta “encajar” en determinados perfiles, desistimos y decidimos dar muerte a nuestra vida digital por incomprensión. O lo que es lo mismo, podemos tener presencia en todas y cada una de las redes sociales existentes, pero si la interacción con las mismas es sólo “estar por estar”, son esfuerzos realizados en balde.

En mi caso concreto, como persona no aventajada en esto, mi lista de admitidos en Facebook ya ha recibido varias “purgas” de perfiles que simplemente sólo me enviaban mensajes carentes de mi interés o que se dedicaban a etiquetarme en fotografías en las que simplemente no estaba ni por asomo por estar en la otra punta de España o en notas sobre posturas en las que ni siquiera se me había consultado. En definitiva, esos aspectos, que pueden no tener importancia, suponen una intromisión en mi espacio personal que he ido puliendo conforme he visto como funcionaban las cláusulas de privacidad de Facebook y las conductas abusivas de determinados perfiles. De ahí la planificación de ciertas conductas e informarnos bien sobre como hacer nuestra entrada triunfal en las redes sociales o seguir en ellas de la forma más real posible.

Socialismo y déficit publico: cómo combatir el simplismo


Durante este pequeño descanso de puente, he podido comprobar que a los socialistas se nos sigue acusando en la calle de “tirar de chequera” con el dinero público en un intento de desprestigiar esta ideología a través del simplismo. Esta percepción, la podemos encontrar en las palabras de un profesor universitario de derecho tributario que, gracias al derecho a la libertad de cátedra, reduce su reflexión a la comparación de los modelos económicos desarrollados por los gobiernos de Felipe González, José María Aznar y, ahora, José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente preocupado en la gestión del déficit público. Sigue el ponente enlazando su discurso con la crisis económica actual, y lo acaba rematando con un “y así nos va, ahora”, en clara alusión al actual gobierno. Por supuesto, los estudiantes de tan ejemplar muestra de nuestros sistema educativo, no albergan dudas al respecto: si lo ha dicho el profesor en clase, tendrá que ser cierto, y con las mismas salen a la calle con una visión de la realidad económica de nuestro país totalmente sesgada.

Que en toda crisis las mayores críticas las sufre el gobierno que esté en ese momento es evidente, para eso lo hace y ha sido elegido, y debe entenderse como una motivación para poder seguir aplicando medidas que de otra manera no se harían. A nadie se hubiese ocurrido, a mediados de 2004, por ejemplo, preguntarse sobre la fortaleza de nuestro sistema financiero cuando el emporio que dirige Emilio Botín compró el bando británico Abbey, lo que le situaba entonces como el “octavo banco del mundo” (según Expansión). Tampoco nadie se preguntaba por la fragilidad de nuestro sector de construcción a mediados de 2006 cuando las grandes constructoras de entonces (ACS, Ferrovial, OHL, Acciona, Sacyr), seguían creciendo y creciendo a golpe de un talonario inmobiliario que se venía abajo poco después. Entonces, aquellas empresas eran “líderes globales” en su sector, según las noticias que sus departamentos de prensa vendían a los medios, y todos seguíamos felices en ese sueño del que nos despertamos al caernos de la cama meses más tarde.

Pero volviendo a esa percepción tan particular de la crisis económica en el ámbito universitario, de la que sólo tiene la culpa el gobierno según este simplismo, no podemos olvidar que el uso del déficit público también esta demonizado por los mismos que, fieles a su espíritu funcionarial, quieren seguir cobrando a fin de mes y, por supuesto, con todas las subidas salariales posibles que se pactaron en los periodos de bonanza. Gracias a esa eliminación del déficit tan deseada, nos podemos permitir el lujo de dar de lado a los parados que actualmente tenemos, o que las pymes y autónomos (el verdadero motor económico de este país) no puedan hacer frente a los créditos porque los bancos y cajas aún están con una digestión pesada provocada por tanto ladrillo. O lo que sin duda sería aún mejor, que escuelas e institutos no tengan recursos, que los ambulatorios y hospitales sigan carentes de material y servicios, o que las pensiones de viudedad y jubilación queden en el aire. Me consta que un elevado déficit no ayuda a nuestra valoración internacional en materia de catalogación de nuestra deuda en los mercados internacionales, pero prefiero seguir mirando dentro de nuestras fronteras para saber dónde hay que poner el límite.

Si a un parado se le agota la prestación, siempre será mejor que siga sin recursos que tirar de déficit desde un punto de vista estrictamente económico si queremos contener el gasto. ¿O quizás no? Quizá ese parado con recursos pueda seguir pagando parte de la hipoteca (y salvándole los muebles a más de una entidad financiera que está presa de sus niveles de morosidad), sosteniendo el consumo del país y, lo que es más significativo, saber cuando un gobierno le apoya o le da la espalda en situaciones verdaderamente difíciles. Lo que sí es cierto es que el nivel de endeudamiento no sólo de las empresas sino también de las familias ha sido un constante aviso de alarma durante bastante años antes de que estallara la crisis, algo a lo que nuestros queridos bancos y cajas también han ayudado bastante a través de prestamos hipotecarios inflados o créditos al consumo. Sólo en 2004, las familias ya adeudaban más de 595.000 millones de euros (el 75% del PIB) con los créditos inmobiliarios a la cabeza, a pesar de que los contínuos avisos del Banco de España a las entidades financieras sobre la necesidad de la moderación en la concesión de créditos en tiempos de bajos tipos de interés y precios al alza.

Pero esos tiempos de bonanza ya pasaron y el maremagnum formado en torno a la crisis económica, ése que ha partido en dos la fortaleza de la octava potencia del mundo, nos ha abierto los ojos. A este carro también se han apuntado gran parte del tejido empresarial, sobre todo el de las grandes empresas que, tras pedir por activa y por pasiva el abaratamiento del despido en este país, han aprovechado esta situación para mandar a más personas a la cola del paro o para renegociar los contratos (saltándose incluso a la torera los convenios colectivos pactados anteriormente) con cláusulas aún más restrictivas. “Son tiempos de apretarse el cinturón” para los que tan sólo dos años antes eran protagonistas del nuevo milagro español, con gestiones feroces y estratégicamente perfectas, abriendo nuevos mercados en el extranjero para dotar de mayor “presencia internacional” a la firma, y mostrando con orgullo planes de negocio avalados por firmas consultoras de prestigio, las mismas que aplaudían a Lehman Brothers cuando se refería al “potencial de crecimiento de la marca en el mundo” (2005). Me resulta bastante díficil creer a empresarios como el que se ha convertido actualmente en cabecilla de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, no precisamente el mejor exponente de una gestión eficaz en una gran empresa, o si no que se lo digan a los empleados de Air Comet o a los contínuos desaires a la actual patronal de los pequeños y medianos empresarios (CEPYME), que son los que realmente están soportando las mayores cargas de esta situación económica.

Ahora este gobierno se ha propuesto cambiar el modelo productivo de este país, algo realmente difícil (que no imposible), ya que nos hemos acostumbrado a cierto “chanchulleo” en el entorno que nos rodea y parece que no se ha empezado con buen pie. Las patentes e investigaciones importantes se siguen produciendo fuera, la burocracia administrativa aburre y quitan las ganas de poner en marcha un proyecto empresarial, y la gente de a pie sigue pidiendo a gritos que le expliquen “cómo se hace” eso nuevo que quieren implantar y que va a ser tan beneficioso. Sin duda alguna, se han escrito miles y miles de líneas sobre el despertar de nuestra verdadera economía y sin duda alguna se seguirán escribiendo, lo único que se me ocurre es pedir cierta moderación a la hora de afirmar simplicidades que no nos llevan a ver más allá de lo que tenemos delante. A todos los que actualmente cargan las tintas contra el Gobierno por culpa de la crisis económica, lo único que se me ocurre es pedirles que dejen los simplismos a un lado y que centren sus esfuerzos en arrimar el hombro.

U2 en España: Live Nation confirma el concierto en San Sebastián


votar360 TourOs hago un copia y pega del último mensaje de Live Nation: se confirma el concierto de San Sebastián como la segunda y última cita de U2 en España (por cierto, a estas horas, todavía quedan entradas para el que darán en Sevilla, la crisis está haciendo estragos).

Tras el rotundo éxito de la gira de U2 del pasado verano, que contó con Barcelona como punto de partida a nivel mundial, el U2 360º Tour continúa en 2010, con las entradas agotadas ya para los conciertos de Horsens, Helsinki, Bruselas, Coimbra, París y Viena.

En España tendremos oportunidad de disfrutar de un segundo y último concierto de U2 en su próxima visita de 2010. Tras el anuncio del concierto de Sevilla (29 de septiembre), ahora es el turno de San Sebastián. U2 360º Tour tendrá parada en el Estadio de Anoeta el 26 de septiembre de 2010.

San Sebastián y Sevilla serán las únicas ciudades en las que podremos ver de nuevo a U2 en 2010, sin posibilidad de añadir nuevas fechas en esta gira.

Con un sistema de video cilíndrico de paneles de LED entrelazados, y una estructura de acero que se eleva a 45,7 metros del suelo sobre un impresionante escenario con pasarelas giratorias, U2 ha creado una experiencia de 360º única para todos aquellos que asisten a sus conciertos. Los fans Europeos que se perdieron su gira de verano, tendrán de nuevo la oportunidad de vivir de cerca el U2 360º Tour, que cuenta ya con más de 30 shows confirmados en todo el mundo.

Las entradas para el U2 360ª Tour en San Sebastián se pondrán a la venta el próximo martes, 1 de diciembre, a partir de las 10h, a través de los puntos de venta habituales de la redTicketmaster (Tick Tack Ticket), en el 902 15 00 25 y por Internet en www.ticketmaster.es.

El precio de las entradas para San Sebastián será de 150, 95 y 30 Euros para las entradas de asiento reservado y 55 Euros para las entradas de pista(gastos de distribución no incluidos). También saldrá a la venta un número limitado de entradas de Red Zone a un precio de 250 Euros (gastos de distribución no incluidos).

Sólo se venderá un máximo de 8 entradas por persona.

Lo dicho, más claro, imposible.

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