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Socialismo y déficit publico: cómo combatir el simplismo


Durante este pequeño descanso de puente, he podido comprobar que a los socialistas se nos sigue acusando en la calle de “tirar de chequera” con el dinero público en un intento de desprestigiar esta ideología a través del simplismo. Esta percepción, la podemos encontrar en las palabras de un profesor universitario de derecho tributario que, gracias al derecho a la libertad de cátedra, reduce su reflexión a la comparación de los modelos económicos desarrollados por los gobiernos de Felipe González, José María Aznar y, ahora, José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente preocupado en la gestión del déficit público. Sigue el ponente enlazando su discurso con la crisis económica actual, y lo acaba rematando con un “y así nos va, ahora”, en clara alusión al actual gobierno. Por supuesto, los estudiantes de tan ejemplar muestra de nuestros sistema educativo, no albergan dudas al respecto: si lo ha dicho el profesor en clase, tendrá que ser cierto, y con las mismas salen a la calle con una visión de la realidad económica de nuestro país totalmente sesgada.

Que en toda crisis las mayores críticas las sufre el gobierno que esté en ese momento es evidente, para eso lo hace y ha sido elegido, y debe entenderse como una motivación para poder seguir aplicando medidas que de otra manera no se harían. A nadie se hubiese ocurrido, a mediados de 2004, por ejemplo, preguntarse sobre la fortaleza de nuestro sistema financiero cuando el emporio que dirige Emilio Botín compró el bando británico Abbey, lo que le situaba entonces como el “octavo banco del mundo” (según Expansión). Tampoco nadie se preguntaba por la fragilidad de nuestro sector de construcción a mediados de 2006 cuando las grandes constructoras de entonces (ACS, Ferrovial, OHL, Acciona, Sacyr), seguían creciendo y creciendo a golpe de un talonario inmobiliario que se venía abajo poco después. Entonces, aquellas empresas eran “líderes globales” en su sector, según las noticias que sus departamentos de prensa vendían a los medios, y todos seguíamos felices en ese sueño del que nos despertamos al caernos de la cama meses más tarde.

Pero volviendo a esa percepción tan particular de la crisis económica en el ámbito universitario, de la que sólo tiene la culpa el gobierno según este simplismo, no podemos olvidar que el uso del déficit público también esta demonizado por los mismos que, fieles a su espíritu funcionarial, quieren seguir cobrando a fin de mes y, por supuesto, con todas las subidas salariales posibles que se pactaron en los periodos de bonanza. Gracias a esa eliminación del déficit tan deseada, nos podemos permitir el lujo de dar de lado a los parados que actualmente tenemos, o que las pymes y autónomos (el verdadero motor económico de este país) no puedan hacer frente a los créditos porque los bancos y cajas aún están con una digestión pesada provocada por tanto ladrillo. O lo que sin duda sería aún mejor, que escuelas e institutos no tengan recursos, que los ambulatorios y hospitales sigan carentes de material y servicios, o que las pensiones de viudedad y jubilación queden en el aire. Me consta que un elevado déficit no ayuda a nuestra valoración internacional en materia de catalogación de nuestra deuda en los mercados internacionales, pero prefiero seguir mirando dentro de nuestras fronteras para saber dónde hay que poner el límite.

Si a un parado se le agota la prestación, siempre será mejor que siga sin recursos que tirar de déficit desde un punto de vista estrictamente económico si queremos contener el gasto. ¿O quizás no? Quizá ese parado con recursos pueda seguir pagando parte de la hipoteca (y salvándole los muebles a más de una entidad financiera que está presa de sus niveles de morosidad), sosteniendo el consumo del país y, lo que es más significativo, saber cuando un gobierno le apoya o le da la espalda en situaciones verdaderamente difíciles. Lo que sí es cierto es que el nivel de endeudamiento no sólo de las empresas sino también de las familias ha sido un constante aviso de alarma durante bastante años antes de que estallara la crisis, algo a lo que nuestros queridos bancos y cajas también han ayudado bastante a través de prestamos hipotecarios inflados o créditos al consumo. Sólo en 2004, las familias ya adeudaban más de 595.000 millones de euros (el 75% del PIB) con los créditos inmobiliarios a la cabeza, a pesar de que los contínuos avisos del Banco de España a las entidades financieras sobre la necesidad de la moderación en la concesión de créditos en tiempos de bajos tipos de interés y precios al alza.

Pero esos tiempos de bonanza ya pasaron y el maremagnum formado en torno a la crisis económica, ése que ha partido en dos la fortaleza de la octava potencia del mundo, nos ha abierto los ojos. A este carro también se han apuntado gran parte del tejido empresarial, sobre todo el de las grandes empresas que, tras pedir por activa y por pasiva el abaratamiento del despido en este país, han aprovechado esta situación para mandar a más personas a la cola del paro o para renegociar los contratos (saltándose incluso a la torera los convenios colectivos pactados anteriormente) con cláusulas aún más restrictivas. “Son tiempos de apretarse el cinturón” para los que tan sólo dos años antes eran protagonistas del nuevo milagro español, con gestiones feroces y estratégicamente perfectas, abriendo nuevos mercados en el extranjero para dotar de mayor “presencia internacional” a la firma, y mostrando con orgullo planes de negocio avalados por firmas consultoras de prestigio, las mismas que aplaudían a Lehman Brothers cuando se refería al “potencial de crecimiento de la marca en el mundo” (2005). Me resulta bastante díficil creer a empresarios como el que se ha convertido actualmente en cabecilla de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, no precisamente el mejor exponente de una gestión eficaz en una gran empresa, o si no que se lo digan a los empleados de Air Comet o a los contínuos desaires a la actual patronal de los pequeños y medianos empresarios (CEPYME), que son los que realmente están soportando las mayores cargas de esta situación económica.

Ahora este gobierno se ha propuesto cambiar el modelo productivo de este país, algo realmente difícil (que no imposible), ya que nos hemos acostumbrado a cierto “chanchulleo” en el entorno que nos rodea y parece que no se ha empezado con buen pie. Las patentes e investigaciones importantes se siguen produciendo fuera, la burocracia administrativa aburre y quitan las ganas de poner en marcha un proyecto empresarial, y la gente de a pie sigue pidiendo a gritos que le expliquen “cómo se hace” eso nuevo que quieren implantar y que va a ser tan beneficioso. Sin duda alguna, se han escrito miles y miles de líneas sobre el despertar de nuestra verdadera economía y sin duda alguna se seguirán escribiendo, lo único que se me ocurre es pedir cierta moderación a la hora de afirmar simplicidades que no nos llevan a ver más allá de lo que tenemos delante. A todos los que actualmente cargan las tintas contra el Gobierno por culpa de la crisis económica, lo único que se me ocurre es pedirles que dejen los simplismos a un lado y que centren sus esfuerzos en arrimar el hombro.

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Este PP me da asco


votarEsta mañana se ha colocado dentro de mi visceralidad y como número uno, la cúpula que actualmente rige al Partido Popular, con el gran Rajoy a la cabeza. El mismo que estaba más pendiente de los partidos de fútbol con un puro al frente que en ejercer como ministro de distintas carteras; el que no sabe ni aprende ni a base de gurtelazos, prestiges o aguirres; ése del que todavía estamos esperando alguna medida suya contra la crisis que no sea la bajada de impuestos para los más ricos o los recortes sociales.

Criticó hasta la saciedad los planes Zapatero porque iban a subir el déficit (ahí, junto con Montoro descubrió la polvora, seguro), y no dudó en vincular su futuro político al de Camps en un mitin que sonaba a chichinabo. Además, aunque no fuera tras la pancarta, para eso ya estaba nuestro ex-presidente ahora reconvertido a intelectual Aznar, sigue tirando por los suelos los derechos de la mujer con el tema de la interrupción voluntaria del embarazo.

Pero lo de ahora con el Alakrana me ha revuelto el estómago solamente al escucharlo. Esa persona que iba estas mañanas de verano a la playa con un becario y una videocámara soltó anoche en Intereconomía que iban a cargar las tintas sobre la gestión del gobierno en el asunto de la liberación del atunero. Sólo se me ocurre una pregunta: ¿y si los piratas hubiesen tocado a alguno de los pescadores?. ¿Hubiese mandado Rajoy un contingente militar al estilo Trillo cuando Isla Perejil, ese conjunto de tierra que todavía nadie sabe para que sirve, si hubiese sido presidente? Por cierto, aquello fue denominado como “Operación Soberanía” por el mismo tiparrazo que no creo que duerma muy tranquilo por las noches tras el accidente del JAK-42 en Turquía.

Ahora nos toca saber que piensan esos grandes del PP sobre este tema que no hayamos escuchado ya: Cospedal, Sáez de Santamaría, el propio Aznar si este tema le parece apropiado… Toda una panoplia de individuos que opinan sobre todo y sobre todos, pero que cuando tienen algún incendio en casita, tiran de aquella frase que Pujol acuñó y que se ha convertido en un tótem de la política en este país: “Hoy no toca”.

Nos queda mucho por aprender en estos temas internacionales por parte de todos, y es cierto que la representación en Asuntos Exteriores que tenemos ahora es de peor consideración que la de otros gobiernos de nuestro entorno, pero eso sí, siempre teniendo en cuenta que el convertirnos en los titiriteros de otros gobernantes con fotos como la de las Azores pueden quedar muy bien en el book personal de algún personaje. Sólo tengo que ponerme a rememorar lo que pasó un 11 de marzo en Madrid para darme cuenta que no es el camino correcto.

Probablemente alguno sobre el tema del Alakrana lo acusará ya, pero yo me voy a permitir a hacerlo en este blog: con otros temas, Rajoy ya había hecho de la deslealtad institucional su bandera y de la falta de escrúpulos un himno; hoy sólo le sumo la traición al gobierno de su país.

“¿Yes, we can?” No sé, no sé…


* Puedes ver otros artículos sobre comunicación política en este enlace

Pasan los días y voy descubriendo algunas de estas estrategias estrella que han conseguido dirigir la mayoría de los votos de las elecciones presidenciales norteamericanas hacia la figura de Barack Obama. Hace no menos de un mes dos asesores del ya  presidente electo, Carlos Odio, director adjunto nacional para el Voto Latino, y Patrick Hidalgo, director de voto hispano en Florida, mostraban en Sevilla ante un nutrido grupo de políticos como se reinventa la rueda en esto de la política y fundamentaban su victoria en la necesidad de contar con “agentes electorales” que dinamicen y capten a los votantes. Esto ha sido vital para un sistema como el estadounidense en el que la abstención se suele acercar al 50% de entre los que se inscriben para ejercer el voto.

Hoy mismo, otro consultor político que también ha sido contactado por el partido Demócrata durante las elecciones, Jordi Segarra, ha expuesto en El País varias conclusiones sobre el triunfo de Obama de las que he hecho un pequeño resumen y al que he añadido mis propias reflexiones:

– La campaña se ha conseguido imprimir del carisma del propio Obama, que sin duda ha superado a la puesta en escena. Ese mismo carisma se ha aprovechado para “desmitificar” al candidato y alejarlo de todo lo que oliese a producto “artificial”, algo que sin duda lo ha conectado con el mundo real. Esa magia es la que ha permitido grandes éxitos como el del lema y el vídeo de campaña que nos ha cautivado en esta parte del mundo (“Yes, we can”), basado en el mítin que dió Obama el día antes de perder las primarias en el estado de News Hampshire ante Hillary Clinton, y que luego se convirtió en uno de los primeros territorios en darle la victoria en la carrera presidencial.

– También se ha sabido mantener la coherencia entre el mensaje que se quería difundir y la propia personalidad del candidato. Esa misma coherencia es la que ha creado unas expectativas de futuro hacia el mandato que llevará a cabo el futuro presidente, en el que también se espera que impere el diálogo.

– Se ha sabido aprovechar el desgaste del adversario republicano por los ocho años de mandato de Bush en la Casa Blanca, aunque nunca se ha recurrido al ataque personal y en el caso de presentarse alguna ofensiva, no ha sido Obama el que la iniciado ni se ha permitido que la protagonice durante mucho tiempo.

Hasta aquí, la teoría de lo que se dice que ha pasado en EEUU en las últimas elecciones, pero ¿de qué forma podemos extrapolarlo aquí? Decía Unamuno aquello de “Me duele España” y creo que no se equivocó demasiado al acuñar la peculiar frase. Sobre todo si pretendemos aplicar los principios de la “obamamanía” a este país de películas de Paco Martínez Soria en sábado por la tarde.

Tras las conferencias demócratas, ahora lo que toca es “hojear” el catálogo de políticos españoles en activo para encontrar a esas personalidades carismáticas que además permitan aplicar una relativa coherencia entre su estilo de vida y el mensaje que quieren abanderar de cara a las futuras elecciones (la próxima, las de 2009 para el Parlamento Europeo). Espero que esta nueva forma de hacer política que nos viene desde la otra orilla del Atlántico no rechine demasiado con el engranaje de nuestros partidos políticos ni de sus familias.

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