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Apuntes de mal periodismo: ABC de Sevilla (@abcdesevilla) sobre el crimen de los niños de Córdoba


Si hoy váis al kiosko os encontraréis con que la noticia de que dos informes apuntan a que se han encontrado restos humanos calcinados en torno al caso de los niños de Córdoba es la principal. Tanto por el mero hecho en sí como por los detalles escabrosos que se van conociendo, este caso quedará registrado sin duda en los anales de cualquier criminólogo.

Sin embargo, y a pesar de la crueldad con el que parece que se ha cometido este crimen repugnante, los medios de comunicación deben mantener siempre una distancia entre información y conjetura. Éste es el caso de la portada de ABC de Sevilla, que no ha dudado en mezclar dos hechos diferentes para obtener un titular cocinado: el informe forense de unos restos óseos (en el que no apunta a autorías ni identidades) y el hecho de que las coartadas del principal sospechoso no se sostienen y se sospecha del padre de los niños.

La investigación no ha finalizado, existen dudas sobre si podrán hacerse pruebas de ADN y si podrá demostrarse la autoría del crimen como la forma en que se llevó a cabo, aunque parece ser que para ABC nada de eso es necesario. Prueba evidente de ello es que la noticia que sostiene dicha portada no puede entrar a adjudicar ningún tipo de autoría porque no existen pruebas concluyentes de ello salvo un convencimiento de los investigadores.

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La crisis se lleva por medio a otros compañeros


Hace no mucho os presentaba la realidad del periodismo en Málaga en estos momentos de crisis económica, sobre todo en las teles locales. Desde entonces ha llovido algo más, y a nuevas reestructuraciones anunciadas por ABC, El País o El Mundo, se han unido los cierres de los diarios Metro, la edición digital de ADN o, como se ha conocido hoy mismo, la finalización de las emisiones de la edición española del canal económico Bloomberg. A mí, especialmente, éste último canal me parecía de lo mejorcito que se podía ver en la televisión temática, y lamento que como único referente nos quede ese pseudocanal de finanzas conocido como Intereconomía.

Otro mazazo para el periodismo. Atrás dejamos unos tiempos de bonanza donde, a golpe de ladrillo y más ladrillo, nos fabricamos una burbuja casi de cristal en la que el dinero en efectivo y el consumismo imparable nos tapaban la realidad y la fragilidad de nuestros recursos. Ahora, los bancos que anuncian a bombo y platillo sus beneficios, van de víctimas y agregan que el problema no es de ellos, sino de la denominada “economía real”, o lo que es lo mismo, nosotros. Sin embargo, no hace menos de un año, todavía no tenían reparo a seguir dando préstamos tanto hipotecarios como personales para que no nos privasemos de nada, aunque las garantías de los solicitantes no estuviesen tan claras.

Sombras en mi mundo de plumilla


Andaba el año 97 cuando comencé la carrera de Periodismo y pude comprobar como el gran sueño de todos los de mi promoción era trabajar para los informativos de los grandes medios, con el fiel objetivo de convertirnos en los futuros presentadores/escritores de esos espacios que lograban cada tarde ser el tema central de nuestras tertulias de café. De eso han pasado varios años ya y los sucesivos contratos de becario/precario de prácticas que iba enlazando lograron enfrentarme a la cruda realidad que existe en torno a esta profesión y que hoy está siendo cruel con los periodistas de Málaga.

Leo hoy en El Observador que en torno a unos 50 compañeros dedicados al sector audiovisual se irán a la calle al acabarse su contrato en 2008 ante las dificultades económicas/administrativas por las que están pasando sus medios: mientras que unos no han conseguido una preciada licencia de TDT para poder seguir emitiendo, otros han visto como su rentabilidad no es suficiente y han decidido poner punto y final a su preriplo malagueño.

Quizá esta sea la tónica general de la televisión local en España desde que entró en nuestras pantallas hace más de 20 años: hago algo de memoria y recuerdo que la puesta en marcha de este medio de comunicación sirvió, por un lado, para que muchos empresarios que entonces sólo estaban presentes en prensa escrita y radio viesen una puerta abierta para codearse con un poder municipal que necesitaba reflejarse en las pantallas de los vecinos, aunque algunas veces el tratamiento que realizaban de su gestión rozara la ciencia ficción o el esperpento. Hubo entre esos mismos empresarios quien, en su intento de generar opinión, incluso crearon programas de actualidad política aunque esos espacios no eran vistos por casi nadie, obligando a las mismas cadenas a rellenar el resto de la parrilla como meros “repetidores” de las dos o tres productoras que tienen cautivo este mercado. Sin embargo, al menos intentaban mantener un mínimo de calidad en su programación sin necesidad de tener que recurrir a los programas de llamadas a números 80X u ofreciendo contenido para adultos (algunas en horario de protección de la infancia). Por otro lado, se daba una solución a un problema acuciante: descongestionar las redacciones de prensa y radio de periodistas aunque fuese a cambio de unas condiciones laborales bastante menos atractivas para una profesión que aún no ha logrado que las asociaciones de la prensa tengan voz entre los empresarios.

La vida ha seguido más o menos alborotada en este mundillo: internet suponía un revulsivo para aquellos que estaban felices escribiendo en los medios basados en el papel, luego fueron los medios gratuitos los que amenazaban el pastel publicitario, y ya por último, los intentos frustrados de crear un espacio para los “periodistas ciudadanos” en las páginas informativas gracias al auge de los blogs a la par que aparecían productos exclusivamente digitales que se enfrentaban al encarecimiento del papel.

Esto ha configurado un panorama bastante negro para aquellos que aún sobrevivían como periodistas en Málaga (imagino que la situación no será mejor en otras ciudades), de ahí mi indignación ya que, si se han desmoronado tres emisoras que contaban con el respaldo de unos grandes grupos de comunicación a sus espaldas, no es muy difícil imaginar lo que pasará con aquellas que no cuentan con ese colchón a sus espaldas. Ajenos a esto, alumnos de tercero de carrera de Periodismo en la UMA protestan por la falta de medios técnicos en sus estudios, así que mi preocupación está más que justificada.

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