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Lecciones de periodismo diario, o cómo actualizar la web sin que se vea el plumero


Los medios de comunicación son objetivos, imparciales, buscan la verdad o la presentan de una forma que no deban ser tendenciosos hacia la audiencia. Además, deben buscar contenidos que permitan atraer a esos lectores, procurando agradar a un publico afín… hasta aquí la teoría y probablemente lo veamos en algunos medios nacionales e internacionales donde es más difícil dicho control, pero ¿qué ocurre si bajamos a un nivel más local o provincial?

Pues que los grupos de presión se adueñan de dichos medios para que, a cambio de dotarlos de una cierta estabilidad económica a través de patrocinios institucionales o corporativos, hagan que sus noticias aparezcan en las primeras posiciones o para que la línea editorial escore paradójicamente hasta alinearse o  identificarse casi plenamente con los objetivos que persigue ese mismo lobby.

Web El Mundo Málaga 23 de mayo de 2013Un ejemplo de esto puede encontrarse en esta captura de pantalla de la web de El Mundo Málaga, donde paradógicamente, durante toda la media-mañana y tarde de hoy (23 de mayo de 2013), las tres noticias principales de dicha web tenían un mismo fin, que no es otro que noticias polémicas o en contra de la gestión del PSOE en la provincia de Málaga.

¿Casualidad, falta de actualización, objetividad relativa? Si ya es difícil encontrar informaciones sobre la actividad del PSOE de Málaga en las páginas en papel de este diario con tratamiento neutral o positivo, lo que las convierte en casi un boletín de noticias del Partido Popular malagueño  aderezado, eso sí,  de una muy buena agenda cultural, la versión electrónica de dicho medio habla por si sola.

La moraleja no es otra que si se confunde la web de un periódico con la del propio partido político al que rinde pleitesía,  como periodista a veces dan ganas de preguntarse donde están los límites entre información y propaganda en un medio donde precisamente en su portada de hoy se hacía eco de esta frase de Igor Stravinski: “Seguir un solo camino es retroceder”.

Y menos mal que la política, como tema informativo de cara a la ciudadanía, es uno de los más repudiados por todas las encuestas…

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La marcha atrás del aborto


Trabajando en unas valoraciones sobre la propuesta del ministro Alberto Ruiz Gallardón de eliminar de los supuestos para la interrupción voluntaria del embarazo la malformación del feto y el consecuente agradecimiento por todos los sectores provida y conservadores, me he parado a pensar en los pasos que hasta ahora se habían dado en lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres y en como afectará de cara al futuro.

Además, nos enteramos por informaciones en los medios que también se baraja la posibilidad de que sea solo la valoración psicológica la que prevalezca a la hora de realizar una interrupción voluntaria del embarazo.

Antecedentes jurídicos hasta 2012. En el tercer curso de la Licenciatura de Periodismo me tocó participar en un trabajo de Relaciones Públicas por el que, a modo de lobby, tenía que llevar a cabo una defensa cerrada del aborto, sobre todo en el aspecto legislativo. En ese momento, 1999, España estaba anclada en la ley de supuestos (solo tres) y analizando cómo estábamos en comparación con otros países, podíamos sentirnos orgullosos de ser de los más restrictivos.

Así, de una tanda de países que incluía desde los más cercanos como Portugal, Francia, Reino Unido, Alemania o Italia, hasta otros más alejados como Estados Unidos o Japón, España tenía el dudoso honor de ser de los más fervientes detractores de una práctica que condiciona no solamente la vida de una mujer que no puede interrumpir su embarazo no deseado, sino que, en casos como malformación, creará una carga social adicional de la que luego es difícil encontrar quien se haga corresponsable.

En el primer grupo de países, el de aquellos que habían despenalizado el aborto implantando una ley de plazos, se encontraban Alemania, Francia, Italia o Estados Unidos. En el segundo grupo, el de aquellos que contaban con una legislación de supuestos que también incluía la malformación del feto, Reino Unido, Portugal y Japón tenían sus máximos exponentes.

Y luego estaba España, que se situaba un poco más allá en la parte conservadora ya que la ley de supuestos de 1985 dejaba la puerta abierta a un posible “cuarto supuesto”, aquel al que se refería cuando mantener el embarazo supondría un grave perjuicio social y psicológico para la madre, por el cual se podría llevar a cabo la interrupción del mismo dentro de las doce primeras semanas de gestación. Fué el argumento perfecto para crear un negocio del que se han lucrado muchas clínicas en nuestro país aprovechando el vacío legal existente, cuando no suponía una intervención que perjudicaba a la futura madre por lo agresivo de las técnicas utilizadas hasta la llegada de la píldora RU 486.

En la parte moral, aquellos que defendían que uno de los derechos irrenunciables del ser humano era el de la vida topaban con los que consideraban que el nasciturus (embrión hasta las doce semanas cuya vida todavía no es independiente de la madre) no podía ser considerado legalmente como ser humano. La batalla estaba servida.

Ante este panorama, en 2010 se logra dar un paso adelante con la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo a iniciativa del PSOE (el quinto intento hasta la fecha), y curiosamente, el número de abortos desciende en nuestro país. Se realiza también una apuesta por facilitar el uso entre la ciudadanía de la llamada “píldora del día después” pero no como un anticonceptivo posterior a la relación, o al menos ése era el espíritu de la decisión.

Dos años después, en 2012 y con menos de un año de la mayoría absoluta del PP en el poder, nos encontramos con que Gallardón considera que para la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo debe existir consentimiento expreso de los padres o tutores en casos de menores de edad legal pero no sanitaria (16 a 18 años), un colectivo que canaliza una gran parte de los casos de embarazo no deseados. Posteriormente, con declaraciones como que existe “violencia machista” de carácter social que obligan a la mujer a abortar, el ministro de Justicia enciende a todos los colectivos progresistas, femeninos o no. Y ahora, elimina la malformación del feto como un caso legal válido para la interrupción del embarazo.

Un paso atrás para la mujer. Es triste expresarlo así, sobre todo porque soy defensor de aquellos que quieren llevar conscientemente adelante un embarazo aún sabiendo que existe una malformación , pero con posturas como ésta se obliga desde el Estado a que la futura madre o familia que no desea seguir adelante tenga que llevar una carga de la que luego nadie se hará cargo o con muchas dificultades salvo los que viven en el entorno más cercano y privado. Casos como éstos no van a generar cariño o aprecio hacia un recien nacido no deseado sino una situación que se verá agravada por la crisis económica, abriendo otras vías como será la adopción o la manutención por parte del Estado si no existe padres que deseen dicha acogida.

Y no es demagogia lo que encierran estas palabras, baste ver como en caso de malformación, la sociedad no es tan permisiva, a pesar de los valiosos intentos de asociaciones como Down España por encontrar un hogar aquellos niños que con este síndrome aún viven en centros de acogida pasados 8 años después de su nacimiento. Y eso es sólo una pequeña muestra.

Según datos recientes del ministerio de Sanidad, solo el 3% de los abortos realizados en 2010 se debían a malformaciones en el feto (sobre 3.300 casos). Sin embargo, esta estadística no tiene en cuenta que se produce una supeditación de los intereses de colectivos más conservadores sobre el resto de las libertades individuales de las mujeres independientemente de que compartan o no esa forma de ver la vida. Son solamente datos, pero en cada uno de los 3.300 casos realizados en 2010 existe el panorama familiar de 3.300 mujeres que han ejercido libremente su capacidad de elección gracias a la ley de 2010.

Además, estamos ante una decisión no carente de hipocresía, ya que otro de los hechos pronto constatables en el tiempo será que, a pesar de que una malformación pueda no ser válida como supuesto para el aborto, en el caso de existir un informe psicológico negativo sobre el impacto que dicho embarazo tendría sobre la mujer, la interrupción seguirá siendo válida. Y si el sistema público de salud no asume el gasto de dicha intervención, tampoco será problema ya que no tardará en reactivarse la maquinaria comercial ya explotó un vacío legal como negocio de 1985 a 2010.

Una verdadera lástima.

¿Estamos preparados para el individualismo?


* Artículo publicado en la Revista El Observador

Este fin de semana he podido ver “El poder del dinero” en la web de RTVE, una interesante reflexión sobre por qué los individuos que participan en la economía de mercado se comportan de forma irracional. Es una visión contraria a la teoría económica imperante desde mediados del siglo XX con Adam Smith y su “mano invisible” a la cabeza, que parecía que había solventado esas dudas navegando a través de un mar de matemáticas y fórmulas indescifrables sobre el ser humano en sociedad.

El documental se basa exclusivamente en el individualismo y la generación de riqueza personal, una máxima de la forma de vida anglosajona, bien sea a través de los negocios (capitalismo) o la religión (protestantismo). Pero, ¿dónde queda la sociedad y como nos ha afectado esta forma de vida en España?

En nuestro país, a la Guerra Civil le siguió una dictadura que, fruto del intervencionismo del Estado como economía de post-guerra, comenzó a consolidar unos derechos colectivos que se han mantenido hasta nuestros días, por muy duro que sea admitirlo. Elementos como la educación obligatoria o la sanidad pública estaban en los primeros puestos de inversión del estado (junto con la obra pública como generadora de empleo) para, una vez llegada la democracia, ser el caldo de cultivo del Estado del Bienestar. Entramos en los felices 80´s y 90´s y en la UE y nos convertimos en un país civilizado que abría los ojos, pero con un fuerte sentido social de protección hacia el más desfavorecido o el que puntualmente necesitaba ayuda sin mermar la dignidad del que recibía esa protección. Los trabajadores, por su parte, encontraban ese mismo respaldo con el Pacto de Toledo.

Los años sucesivos al  2000 nos traen el boom inmobiliario y todo iba viento en popa ya que hasta el españolito de a pie que no acababa los estudios obligatorios podía tener un sueldo que le permitía independizarse (aunque fuera a plazos) y crear una familia. Y el que tenía estudios superiores optaba por presentarse a alguna oposición de las muchas administraciones que se iban descentralizando. Todos con casa o coche nuevos: nos iba de perlas.

Esta visión de éxito aumenta el poder del individuo frente a la sociedad, dejando a un lado otras tesis más proteccionistas o patriarcales. Por parte de los sectores más conservadores se promulga todo aquello que olía a neocons mientras que desde la propia izquierda los que abrazaban el comunismo o el socialismo tienen que reinventarse para acoger un sentir más capitalista.

Como todo va bien, se descuida que es el Estado el encargado de velar de que la sociedad asuma cierta parte de responsabilidad que garantice un mínimo de subsistencia a sus ciudadanos sin tener que caer en la indigencia o la caridad, otro término que también es muy querido por los más conservadores, sobre todos de los que quieren redimir pecados en otros mundos alejados de éste.

Además, la propia mejoría (real o irreal) del status de las antiguas clases trabajadoras hace que aparezca una clase media que ideológicamente es incapaz de diferenciar en muchos casos las políticas que se llevan a cabo por parte de los partidos mayoritarios, como son en nuestro país PP y PSOE. Aunque sigan existiendo diferencias de fondo.

Pero navegar por los matices no es fácil si sumamos que los políticos se han convertido en uno de los principales problemas de nuestro país cada vez que sale una encuesta del CIS, una ciudadanía que no participa ni se muestra interesada en participar en el sistema establecido a través de las urnas. Máxime cuando es imposible aplicar teorías políticas puras que no tengan en cuenta nuestro ámbito económico europeo gracias a la adopción del euro como moneda, la fluctuación de los mercados, los intereses empresariales y sindicales… etc.

Ahora, fruto de la crisis económica y bajo mandato de la UE, debemos aligerar aún más la carga con la premisa de minimizar costes del sector público y la mirada puesta en el déficit cero a toda costa. No deja de ser preocupante como la crisis de las teorías económicas que no han podido preveer el crash inmobiliario se ha traducido en una crisis política de valores sin precedentes que dado un nuevo giro a la reinvención ya comentada. Sobre todo de los partidos políticos españoles que han accedido al gobierno: ahora el PP tiene que tener en cuenta en sus medidas a una parte de la sociedad con menos recursos desde el punto de vista de las coberturas públicas, algo que no estaba en sus planes, después de que el PSOE tuviera que aplicar recortes que afectaban a las mismas clases que sustentaban su voto, no sin lamentarse varias veces por ello.

Por eso, ¿estamos preparados para ser individualistas o para que recojamos por parte del sector público solo aquello que sea exclusivo del fruto de nuestro trabajo/aportación? Sinceramente, creo que no.

La tradición nos dice que el papel que le da la ciudadanía española al sector público es mucho más importante como garante de las políticas sociales que como gestor de servicios ya privatizados o concertados. Una postura que parece que se quiere romper con la tanda de medidas que llevamos viendo desde que el Gobierno de Rajoy comenzó este año 2012 y que afectará a los beneficiarios futuros de la educación, sanidad o cobertura por desempleo públicos, y eso es solo el principio.

El peligro reside en que se puede provocar una fractura generacional entre los que venían de una concepción proteccionista del Estado y de aquellos que, quizá por considerar que no tener nada que perder (aparentemente), no contemplan la posibilidad de seguir manteniendo esa faceta tutora propia del sector público.

Por lo pronto, el frente común conservador que existía en la UE entre Alemania-Reino Unido y Francia ya se ha roto por este último fleco con la llegada del socialista Hollande al poder en sustitución de Sarkozy. No ayuda a mantener esa visión del Estado solo como ente gestor la pérdida en intención de voto de las siglas que defienden tanto Merkel como Cameron en las elecciones regionales de sus respectivos países, que serán los próximos en tener que revalidar sus mandatos en clave nacional. Un frente que había servido para justificar la toma de medidas en nuestro país por parte de Rajoy.

Veremos que pasa.

Diez peticiones para el nuevo presidente del Gobierno


Acabo de darme una vuelta por el distrito de Palma-Palmilla (Málaga), donde estoy censado electoralmente, del que soy apoderado y he ejercido mi derecho a voto. Llueve y el ambiente es muy dispar, mientras que los interventores y apoderados del PSOE parece que están como apagados, los del PP se dan paseos militares de mesa en mesa, sin estar muy pendientes a los listados de censos o si sus papeletas están o no a la vista de los posibles votantes, como venía siendo habitual en anteriores citas electorales. Para ellos, el “pescado está todo vendido” y ya han dado visos de legalidad a las encuestas publicadas más que a las actas de los colegios electorales. A los de IU ni siquiera los he visto, ya no hablo de todos los demás partidos.

Llevaba las papeletas de casa, sobre todo dejando a buen recaudo la del Senado, que suele ser la que más cuesta rellenar si no estás acostumbrado a este tipo de menesteres, he metido los sobrecitos en las urnas, y me he vuelto al trabajo diario.

Son horas de cierto asueto, hasta dentro de un rato (14:00h) no empiezan a llegar los primeros datos de participación, así que ahí va la primera entrada:

Muchos de los que hoy van a votar, argumentarán sus motivos y peticiones, las mías las resumo en 10 puntos que saco tras las entrevistas que publicaron el pasado jueves y viernes en El País al que posiblemente será el próximo presidente del Gobierno:

1- Quiero un presidente del Gobierno que no sólo garantice las pensiones, sino que además, las suba de poder adquisitivo (las no contributivas y las que sí cotizan) no cada dos años, sino cuando corresponde. El IPC sube igual para todos cada mes, por lo que las pensiones deben hacer lo propio y no quedar congeladas o con subidas ridículas.

2 – Quiero un presidente del Gobierno que respete el tiempo de cotización de los que ahora trabajan y, aún a pesar de la crisis, pueden perder su puesto. También que ayude a los que se han quedado sin cotización, no excluyéndolos del sistema público ni amparándose en el “sálvese quién pueda” en materia de formación para empleo a conveniencia de lo que digan las 17 autonomías.

3 – Quiero un presidente del Gobierno que no recorte las transferencias a los gobiernos autonómicos ni a los Ayuntamientos, que ya están ahogados manteniendo sus propias penurias. Con eso sólo se conseguirá que se recorten servicios como educación o sanidad, y que suban aún más los impuestos autonómicos o locales.

4 – Quiero un presidente del Gobierno que no nos haga pagar por los medicamentos, sobre todo a los pensionistas. Los laboratorios ya tienen acuerdos cerrados con las administraciones para que se les pague lo que realmente merecen. Éstas compañías privadas se han lanzado a la competencia directa contra los genéricos, con lo que se demuestra que el denominado “medicamentazo” ha conseguido que el mercado privado tenga que amoldarse a la demanda, y no al revés.

5 – Quiero un presidente del Gobierno que no me haga pagar por la asistencia sanitaria pública. Ya la pago con mis impuestos, y si quiero una cobertura extra, me iré las empresas privadas sabiendo desde el principio que si tengo una enfermedad grave que requiera intervenciones quirúrgicas largas o tratamientos costosos, me van a “invitar” a que me lo cure la sanidad pública. También quiero que proteja la sanidad pública de la gestión privada, ya que los beneficios no revertirán en los ciudadanos sino en los accionistas/propietarios de dichas compañías.

6 – Quiero un presidente que mantenga la Ley de Dependencia, que no traslade a las familias el gasto social que supone cuidar a una persona dependiente o con discapacidad. Que les permita disponer de servicios como residencias, ciudadores profesionales o centros de día. Que no se base en la caridad para dejar tranquila su conciencia.

7 – Quiero un presidente del Gobierno que cumpla con el déficit pero sin acribillarnos con subida de impuestos. Ni quiero que suba el IVA (impuesto injusto con los que menos tienen), ni los de la gasolina, alcohol, tabaco o demás. Si se baja el IAE, que sea teniendo en cuenta medidas paralelas que realmente estimulen el mercado laboral no a costa de la flexibilización de los despidos manteniendo el mismo modelo productivo o a base de ayudas que sólo fomentan la contratación temporal a bajo coste. También quiero que no me haga pagar más por lo que ya tengo eliminando deducciones ya existentes en el IRPF o subiendo los baremos para becas y ayudas públicas.

8 – Quiero un presidente del Gobierno que mire cara a cara a las mujeres, que sea consciente de la lucha contra la violencia de género y que, con los preceptos que se desarrollan en la actual legislación, puedan decidir sobre su futuro y su propio cuerpo. Quiero que aquellos que ahora se sienten iguales al resto de españoles sin importar su condición sexual no sean excluídos, que puedan tener sus propias famlias y adoptar sólo basándose en una buena estructura que fomente el cariño y el respeto, no en lo que la moral religiosa nos imponga desde el púlpito.

9 – Quiero un presidente del Gobierno que apunte hacia la I+D+i y a sectores emergentes, no en fomentar el ladrillo. Somos una economía con un sector primario intervenido (PAC), un secundario que sobrevive a base de subvenciones públicas a multinacionales (sobre todo automoción), y un terciario que no sale del sol y playa.

10 – Quiero un presidente del Gobierno que mire antes por los ciudadanos que por el euro. Las medidas pueden llegar a ser o no impopulares dependiendo del grado de enrrocamiento con el que se parapete en La Moncloa, pero si tras una reunión del EcoFin nos venimos de Bruselas a casa con otra carpetita llena de recortes bajo la amenaza del rescate, prefiero que se mire antes por los que están más desprotegidos que por los que afrontarán la crisis con menos problemas o incluso hacen negocio con ella.

Ahora solo toca que el nuevo presidente del Gobierno esté a la altura, que sea valiente, que mire a la cara a sus votantes y les diga alto y claro lo que va a hacer, sabiendo que en el momento que toque un solo puesto de trabajo público, sindicatos y colectivos se echarán a la calle. A un país no se le saca de la crisis proporcionando material de artillería para huelgas generales o sectoriales. Que no sólo “haga lo que pueda”, sino que también “haga lo que debe” por proteger a quiénes lo han votado.

Feliz domingo.

Sobre la apatía hacia la clase política


Acabo de terminar de leer un artículo de Manuel Jiménez Friaza en La Opinión de Málaga titulado “Hablar: acto político” en el que se hace bastante hincapie en la importancia de la oratoria y el lenguaje no verbal en el discurso político a colación de actos como el gesto de Aznar en Oviedo o las declaraciones de Esperanza Aguirre sobre los puestos quitados en Cajamadrid a un supuesto vástago de dudoso padre. También, y eso es lo que más me ha interesado, en el concepto de cercanía entre el político y el elector en estos tiempos que corren.

En el artículo de Jiménez Friaza, como siempre que se habla de oratoria en la política española, se pone como ejemplo a las dos personas que consiguieron dar otra vuelta de tuerca a los usos y maneras que se gastaban nuestros políticos en la primera mitad del siglo XX, tanto por su discurso como por su relación con el electorado: Manuel Azaña y José Ortega y Gasset. Desgraciadamente, toda esas nuevas formas cayeron en el olvido con la dictadura de Franco y su discurso permanente de la victoria de 1939. Una postura que cambió afortunadamente con la posterior Transición y su constante interés en que tanto vencedores como vencidos no se apearan del proyecto democrático que entonces estaba naciendo. Se escogían todas y cada una de las palabras que salían en boca tanto de gobernantes como de miembros de la oposición para apelar al sentimiento de unidad y confianza en el proyecto democrático en ciernes, una actitud que se echa de menos, tanto para los que lo vivieron como para los que hemos comprendido su significado a pesar de no haber podido estar allí, como es mi caso.

Tirando de nuestra Historia Contemporánea, rescato a colación un extracto de uno de los discursos de Azaña, en concreto uno referido a la relación entre los partidos políticos de la IIª República y el pueblo español, que me viene como anillo al dedo para intentar entender por qué tanto Gobierno como oposición siguen jugando al ratón y al gato para seguir favoreciendo el clima de desacuerdo y enfrentamiento:

Yo disculpo a los gobernantes que, afanados en sus tareas de los ministerios y del Parlamento, pueden llegar, sin saberlo, a encontrarse divorciados de la opinión pública; pero compadezco a los gobernantes que no tienen ocasión de recibir del pueblo directamente la recompensa, la grata recompensa de la efusión sentimental y cordial en premio de los aciertos que el destino les haya deparado. Y en esta situación posterior, que es lastimosa para quien pasa por ella, podía haberse encontrado el Gobierno que presido si estas vacaciones parlamentarias, lo mismo a mí que a los demás compañeros de Gobierno, no nos hubiesen permitido ir a hablar directamente con el pueblo español y a recoger de los republicanos españoles, es decir, de la inmensa mayoría del país, aquellas demostraciones ingenuas de lealtad, de adhesión y de entusiasmo que la obra realizada por el Parlamento y por el Gobierno nos han hecho recibir del pueblo español.” (Santander, 30 de septiembre de 1932)

No menos claras son las palabras de Ortega y Gasset sobre la necesidad de llegar a acuerdos en el Parlamento cuando se tratan temas de profundo calado. En concreto, del debate parlamentario que se generó también en 1932 entorno a la tramitación de la reforma agraria y del Estatuto de Autonomía de Cataluña, rescato lo siguiente:

Porque la República necesita de todas las colaboraciones, las mayores y las ínfimas, porque necesita -queráis o no- hacer las cosas bien, y para eso todos somos pocos. Sobre todo en estos dos enormes asuntos que ahora tenemos delante, la reforma agraria y el Estatuto catalán, es preciso que el Parlamento se resuelva a salir de sí mismo, de ese fatal ensimismamiento en que ha solido vivir hasta ahora, y que ha sido causa de que una gran parte de la opinión de haya retirado la fe y le escatime la esperanza. Es preciso ir a hacer las cosas bien, a reunir todos los esfuerzos. El político necesita de una imaginación peculiar el don de representarse en todo instante y con gran exactitud cuál es el estado de las fuerzas que integran la total opinión y percibir con precisión cuál es su resultante, huyendo de confundirla con la opinión de los próximos, de los amigos, de los afines, que, por muchos que sean, son siempre muy pocos en la nación. Sin esa imaginación, sin ese don peculiar, el político está perdido“. (Madrid, 13 de mayo de 1932).

¿Dónde nos encontramos ahora? En una muy preocupante apatía hacia la clase política en una crisis económica en la que es más necesaria que nunca. Sólo hay que echar un vistazo a las portadas de hoy para darnos cuenta que los dos partidos mayoritarios se han instalado en ambas trincheras mientras el ciudadano de a pie sigue bregando con la crisis. Mientras unos hablan de sumar y no restar (PSOE) los otros responden que apelar a esa suma será traicionar a los españoles (PP). En medio de toda la trifulca, la lealtad, el entusiasmo y la adhesión a la que ya hacía referencia Azaña hace casi 80 años, o el ensimismamiento del Parlamento del que hablaba Ortega y Gasset, siguen siendo protagonistas. El resultado es más que evidente: mientras asistimos a episodios de acusación mutua, el electorado ya ha situado a la clase política dentro del “top five” de los problemas de los españoles según el CIS, sólo antecedido por el paro, la crisis económica, la inmigración y el terrorismo.

Personalmente, tengo la firme convicción de que la política cumple su función cuando se usa para mejorar el bienestar común más allá de los intereses personales de los grandes grupos de presión. Por desgracia, el desapego que se siente entre nuestra sociedad hacia los políticos, sobre todo en las personas más jóvenes que son las mismas que no ejercen su derecho a voto por sentirse al margen, no favorece a un sistema democrático que sigue condenado a aumentar las tasas de absentismo electoral. Esto, probablemente, sea muy útil y placentero para los denominados “convencidos” de cada una de las opciones ideológicas que se presentan a las elecciones y para los nuevos partidos políticos que se configuran como alternativas pero que siguen cayendo en los mismos defectos (Ciudadanos, UPyD), pero no sólo aleja la actividad política de los gobernados, sino que estos ponen, probablemente sin ser concientes de ello, los cambios que sufrirán en su propio modo de vida en las manos de otros.

Confío, espero que no de forma ingenua, que la esperada recuperación económica que se espera para mediados-finales de este año cambie la actitud tanto de los que gobiernan como de la oposición para intentar trasladar a la opinión pública un clima de protección social y, sobre todo, de abandonar la frialdad de las relaciones político-elector en la que parece que nos hemos instalado fruto de la crisis.

El uso partidista de los medios de comunicación en la provincia de Málaga


Puede que suene a tópico, pero los cargos que ha puesto el PP al frente de las televisiones públicas municipales de la provincia de Málaga parecen haber hecho todos un máster en manipulación informativa. Como periodista me duele que eso sea así, ya que supone que las personas que diariamente están trabajando en la determinada emisora no cuentan ya sólo con las habituales presiones de los lobbys locales (léanse los empresarios, asociaciones, colectivos, etc…), sino que además tienen que enfrentarse a la lucha diaria entre gobierno y oposición y ver como sus piezas son recortadas según le venga en gana al jefecillo de turno.

Escogidos todos ellos no por sus grandes dotes de gestión en medios de comunicación, es más que contrastable que estos directivos puestos a dedo no durarína ni un sólo día en una cadena de renombre. La gran mayoría no son más que los estómagos agradecidos de los que gobiernan en este momento, o lo que es lo mismo, personas para nada imprescindibles que irán cambiando a la voluntad del que ostenta el bastón de mando. Sería difícil creer que aquellos que pasan por los despachos de Onda Azul (Málaga), Radio Televisión Marbella, FTV (Fuengirola), Torremolinos Televisión, Torrevisión (Alhaurín de la Torre) o Alhaurín Televisión (Alhaurín el Grande), podrían llegar ni siquiera a ser becarios de café en otra cadena de ámbito regional, no ya nacional.

Por ello no puedo dejar de denunciar la utilización flagrante de la manipulación informativa que se da en estos medios, llendo desde el más absoluto silencio informativo cuando habla la oposición (véase Torremolinos Televisión, dónde sus informativos son sólo odas de una hora completa al sol y playa sin informar de lo que pasa en el municipio), al aniquilamiento de las informaciones contrarias a la gestión municipal (Fuengirola TV, Alhaurin TV, Torrevisión) o al uso de estrategias políticas para dar siempre como válido lo que salga de boca del alcalde de turno o de sus concejales (Onda Azul), poniendo siempre enfrente todo lo que huela a PSOE en esta provincia (oposición municipal, Diputación de Málaga, Junta de Andalucía o Gobierno central). Es más, si en una determinada noticia podemos meter de boca del locutor/a alguna que otra editorialización en su presentación, bienvenido sea.

Simplemente, para aquellos que ejercen su mandato autoproclamándose adalides de la independencia informativa municipal (ya quisieran ellos), abrirles los ojos para que vean que no son informativos los espacios que producen, sino editoriales, dos géneros periodísticos distintos si es que alguno de los que ahora dirigen estas teles municipales pasaron cerca de una facultad de periodismo o simplemente preguntaron a los trabajadores de las mismas emisoras al respecto. Con actitudes como ésta, degradan a la profesión y obligan al periodista a tomar una posición que no les corresponde, algo que no ayuda en un sector que está copado de sueldos altos en unas jefaturas y gerencias donde se practica el continuo atropello de los derechos laborales.

Si hacemos un seguimiento de cualquiera de las televisiones gestionadas por los equipos de gobierno de PP y PSOE en la provincia, vemos una diferencia muy clara: la intencionalidad política y la editorialización partidista es más que evidente en las primeras. Nunca veremos una noticia favorable de la oposición en Fuengirola, Marbella o Torremolinos, ni tampoco una crítica al equipo de gobierno de Málaga sin que éste haya dado visto bueno a la favorable respuesta. Sencillamente, si no hay respuesta “oficial”, simplemente no existe esa noticia, y tendrán que pasar varios días hasta que podamos ver algo de información sobre este tema solo si la oposición sigue haciendo su trabajo de denuncia y con la conveniente respuesta ya preparada.

Que ninguna de estas televisiones se acerca a la pluralidad informativa mínima y deseable también es visible. Una pluralidad que salta por los aires al comprobar que la gran mayoría de ellas pertenecen a la Asociación independiente de emisoras de radio y televisión de Andalucía AIERTA, un conglomerado nada transparente montado desde las filas del PP a nivel regional con sede en Cádiz y financiado con el dinero de 30 teles locales para hacerse los informativos a la carta. Es decir, noticias populares con el dinero de todos.

Con todo este panorama, les invito desde aquí a que pongan en grande la palabra “OPINION” mientras dure todo lo que ellos proponen como informativo, para que al menos nos dejen, a los que sostenemos vía impuestos estas televisiones, una opción a hacernos nuestras propias composiciones de lugar con lo que nos presentan.

Finalizo el post de hoy con una muestra de lo que diariamente podemos ver desde algunas televisiones municipales gestionadas por el PP en Málaga en estos momentos. A diferencia de lo que veremos a continuación y como no podría ser menos, todas las críticas a este post serán bien recibidas:

Ricardo Costa volvió, vió y habló


votarTodo ello para decir que, salvo los detalles de comprarse un exclusivo deportivo en periodo de crisis y que aceptó un reloj valorado en más de 10.000 euros por la vieja amistad de militancia en el PP, no dimite ni dimitirá. Ahora el embite está en el tejado de Camps y de Rajoy, ya que considera que no ha sido un hombre malo que haya hecho nada malo dentro del PP (estaría por tanto fuera de la categoría creada por Rajoy a raíz de este caso).

No es sólo por el tono chulesco y desafiante por lo que me molesta Ricardo Costa, es porque está insultando a los que todavía tenemos más de una neurona en la cabeza, incluidos a los que son de su propio partido. ¿Se llevará por delante a alguno más? ¿Quizá a alguien de esta dirección regional del PP que ha sonado constantemente en su discurso? ¿Subirá más arriba? Por ahora, interrogantes, pero están dejando la casa patas arriba con tal de salvarse las espaldas. Tenemos los políticos que nos merecemos, sin duda…

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