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Málaga 2016: alivio para cuerpo y mente


En pleno verano, Málaga capital coge plena actividad con la llegada de turistas, se engalana con sus mejores trajes y ofrece lo que tiene al visitante y a los que aquí vivimos para que se le haga más feliz el periodo vacacional.

Bares y restaurantes están a rebosar con el pescaíto frito por bandera mientras las playas y calles son un trasiego de gente buscando algo de descanso que sigue consumiendo dejando atrás todo lo que pueda sonar a crisis.

Y como no solo de pan vive el hombre, la relajación de la mente también tiene en los teatros Cervantes o Echegaray una planificación cultural extensa y en el Auditorio nos quedamos embelesados otra vez con las ácidas letras de Joaquín Sabina. Los museos también se llenan de exposiciones como las del CAC o el Museo Picasso y por su parte, el remodelado Cine Albeniz o el Teatro Alameda nos ofrecen buenas películas en versión original o que están fuera de los circuitos comerciales. Todo ello con las vistas puestas para que en 2016 nos elijan como la capital cultural de Europa.

Sin embargo, no muy lejos de la Alameda Principal, también existe por esta temporada otro tipo de oferta que ofrece con mayor énfasis otro tipo de servicios más centrado en la relajación del cuerpo y que también cuenta con sus fieles: la prostitución.

A diario las calles paralelas a la Alameda de Colón ofrecen su “género” al visitante, que si no le convence lo que ve, siempre puede acudir a las páginas de cualquiera de los principales periódicos locales donde en la sección de anuncios por palabras supongo que quedará plenamente satisfecho por los servicios “a domicilio”.

Es más, sin necesidad acudir a esos lugares alejados de dudosa reputación al filo de carreteras secundarias pero en los que todo el mundo sabe lo que hay dentro, tienen el Polígono Guadalhorce, que funciona casi las 24 horas del día poniendo en 20 ó 30 euros el precio de una mujer, mientras las administraciones se llevan las manos a la cabeza indignadas y no con cierto toque de sobre interpretación cuando sale a la luz la realidad in-situ de las mujeres que allí están. O si no, que alguien me explique que tipo de eventos culturales se realizan dentro del negocio conocido como New Escándalo (supongo que lo de “New” viene después de que lo cerraran anteriormente por ser un local de alterne a pesar del glamour del que intenta dotarse) para no haberlos cerrado ya de forma definitiva.

Y es que la Málaga candidata a Ciudad Europea de la Cultura pone a disposición del turista en su pleno centro y alrededores, un amplio catálogo de mujeres que están en situación irregular, que viven bajo la explotación de mafias y redes de tráfico de esclavas sexuales, que son atendidas a diario por personal sanitario y voluntarios que trabajan con precario apoyo institucional para sacarlas de este mundo o, de no poder, intentar evitar que las ETS (enfermedades de transmisión sexual) campen a sus anchas e, incluso, que son menores de edad. Todo ello a pesar de las quejas de vecinos, comerciantes, asociaciones de empresarios y personas de la calle normales y corrientes mientras seguimos hablando de igualdad en el trato entre hombres y mujeres o del papel de ésta última en nuestra sociedad predominantemente machista.

Ante todo esto, no puedo dejar de preguntarme lo siguiente:

¿Haría falta, por tanto, un escrito de otras 40 personas notables de la ciudad como se ha hecho con el Puerto de Málaga para que los que gobiernan se dediquen de una vez a eliminar la prostitución de las calles y polígonos de la ciudad?

¿Vivimos tan ensimismados en la imagen que da nuestro Puerto de Málaga o de nuestra calle Larios que no vemos que en un radio de 500 metros de esos mismos referentes las redes de la prostitución siguen campando a sus anchas?

Es más, ¿nuestros gobernantes esperan que aquellos que nos tienen que valorar como ciudad candidata para 2016 no se van a dar cuenta de esto mismo simplemente con dar una vuelta por determinadas calles céntricas sin tener que esperar a horas intempestivas?

Como siempre, son preguntas incómodas de las que más de uno con dotes de mando intentaría alejarse para no tener que contestar, quizá porque son un engorro o porque simplemente no están en la agenda mediática de nuestros representantes políticos.

Mientras tanto, hoy ha pasado otro día más, y las redes de la prostitución siguen haciendo caja en nuestra ciudad.

Igualdad real frente a igualdad de fachada


En estos días voy a echarle una mano a una amiga que está preparando un trabajo sobre el uso de prendas como el burka en nuestro país. De esta forma, repasando algunos de los reportajes que ha publicado El País en estos últimos días (salen noticias casi a diario), me he topado con dos que me han llamado profundamente la atención: Contra el “burka”, que da votos (03/06/2010) y Rebelión salafista por el burka (09/06/2010).

De ambos reportajes recientes me sorprende la postura que han tomado los partidos políticos en Cataluña (PSC, CiU y PP) prohibiendo a través de una moción en el Ayuntamiento de Lleida el uso del velo integral (burka y niqab), lo que ha provocado una cascada de similares iniciativas en Reus, Tarragona, El Vendrell, Cunit, Cervera y Tárrega.

Por el otro lado, la comunidad fundamentalista ya ha planteado la necesidad de llevar estas iniciativas a los tribunales por ser “inconstitucionales”. Es más, se habla de “ataque al Islam”, “crear una polémica para ganar votos” y que “el velo es una necesidad religiosa, no un símbolo”.

En la calle se entiende que el uso de una prenda que tape por completo el rostro de la mujer, sea cual sea la religión que profese, choca de frente con nuestro sistema de valores occidentales. De igual forma, ciertas costumbres como la reclusión de la mujer en una vivienda sin que pueda salir a la calle salvo para determinadas tareas, la prohibición de acceso a determinados recintos sólo habilitados para hombres por la tradición, o el sometimiento de la mujer a la “autoridad” del sexo masculino, es un tema peliagudo que en nuestro país ha sido puesto de manifiesto de forma permanente con campañas de sensibilización, pero ¿estamos siendo realmente honestos con nosotros mismos? Es más, ¿están nuestros partidos políticos haciendo todo lo realmente posible para alcanzar esa igualdad?

A nadie se le escapa que el uso del velo, más allá de ser una imposición en un país occidental como el nuestro, puede deberse a una decisión exclusiva de la mujer que lo lleve. Es esa línea de trabajo en la que deben enmarcarse todas las iniciativas políticas encaminadas a lograr la plena igualdad, y que no se produzcan situaciones de sometimiento por causas religiosas a aquellas mujeres que no desean llevar esta prenda. Sin embargo, y quizá sea un caso también digno de estudio, me gustaría saber que revuelo se montaría en el Senado o en el Congreso si a una monja o novicia, de las muchas que existen en nuestro país por propia voluntad, se les prohibiera llevar hábito en la calle bajo este mismo critero. Probablemente la Conferencia Episcopal no lo vería con buenos ojos, y eso que estamos hablando de prendas que en algunos casos se podrían equiparar al uso de ciertos tipos de velos. Además, la reclusión física y mental en la que viven algunas “hijas de la fe católica” en ciertas comunidades (y ahí incluyo desde órdenes religiosas al propio Opus Dei), hacen ver que no estamos tratando con el mismo rasero a todos. Sólo hay que echar un vistazo al papel de la mujer dentro de la jerarquía eclesiástica católica para darnos cuenta de que nos exigimos a todos un amplio examen de conciencia.

De igual forma, en el otro extremo de la balanza, parece que nuestros gobernantes no se han fijado en la proliferación de ciertas prácticas que también denigran la propia condición de la mujer y en este caso de una forma aún más grave, como es la prostitución. Aquí es donde ciertas actitudes más o menos hipócritas cobran especial relevancia, como ocurría en situaciones como la calle Montera de Madrid en mis tiempos de estudiante de la Complutense, en los que desde el Ayuntamiento se hacía la vista gorda siempre que las meretrices se fueran hacia recintos más apartados de los ojos de los más escandalizados, como la Casa de Campo, los clubes o los polígonos industriales. Una práctica que también se encuentra hoy día en Málaga, por ejemplo, donde seguimos haciendo la vista gorda mientras el Polígono Guadalhorce o las calles de la Alameda de Colón se han convertido en un hipermercado nocturno de la explotación sexual y el tráfico de mujeres. Aquí, por curioso que parezca, las mafias campan a sus anchas mientras impedimentos de carácter burocrático y reproches sobre qué administración es la competente, continúan demorando más el tema y sigue sin hacerse nada.

Queda mucho camino por recorrer hacia la igualdad plena, pero mientras a mitad de año ya hayan muerto más de 30 mujeres a manos de sus parejas, la prostitución siga campando a sus anchas en las ciudades o no se trate por igual a todas las comunidades religiosas en el uso de prendas que puedan suponer un desprecio a la condición de la mujer, sólo estaremos actuando de cara a la galería. Desgraciadamente…

El arte de no hacer nada contra la prostitución


votarPreguntasNo soy el único que se indigna al ver como el alcalde de Málaga dice que no cuenta con los suficientes recursos para acabar con la prostitución en la capital. Es cierto que acabar con esta lacra es bastante difícil, sobre todo porque cuenta con un público fiel y una aceptación social relativa que en manos de pubs y discotecas encubiertas dan alas a lo que no es más que una explotación pura y dura, pero tirar la toalla de antemano no nos representa a ninguno de los que vivimos aquí.

Resulta igualmente curioso que, en una ciudad que cuenta con suficientes cargos de confianza y asesores municipales tan bien remunerados, todavía no hayan sido capaces de elaborar una ordenanza municipal que lleva estancada más de un año y a la que ya usted le ha dado el tiro de gracia. Pues póngala en marcha y la va usted variando si ve que no funciona, que para eso gobierna.

Es más, como tanto le gusta el discurso del agravio comparativo entre Málaga y Sevilla, de doy la oportunidad de que le eche un vistazo a las noticias que aparecen hoy sobre el plan que sus homólogos sevillanos han puesto en marcha contra la prostitución, y le invito a que despida a alguno de sus asesores para sacar recursos económicos, seguro que ahí tiene de dónde financiar. Y no creo que sea por problemas con los efectivos policiales, de los que Málaga anda más que sobrada.

Es una lástima pasar con un coche a ciertas horas por el Polígono Guadalhorce o dar un paseo cruzando la Alameda de Colón y aledañas para ver el panorama de la prostitución, pero aún es más lamentable ver como un alcalde ha tirado el balón al tejado de otro en vez de tomar cartas en este asunto.

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