Tag Archive | rajoy

¿Estamos preparados para el individualismo?


* Artículo publicado en la Revista El Observador

Este fin de semana he podido ver “El poder del dinero” en la web de RTVE, una interesante reflexión sobre por qué los individuos que participan en la economía de mercado se comportan de forma irracional. Es una visión contraria a la teoría económica imperante desde mediados del siglo XX con Adam Smith y su “mano invisible” a la cabeza, que parecía que había solventado esas dudas navegando a través de un mar de matemáticas y fórmulas indescifrables sobre el ser humano en sociedad.

El documental se basa exclusivamente en el individualismo y la generación de riqueza personal, una máxima de la forma de vida anglosajona, bien sea a través de los negocios (capitalismo) o la religión (protestantismo). Pero, ¿dónde queda la sociedad y como nos ha afectado esta forma de vida en España?

En nuestro país, a la Guerra Civil le siguió una dictadura que, fruto del intervencionismo del Estado como economía de post-guerra, comenzó a consolidar unos derechos colectivos que se han mantenido hasta nuestros días, por muy duro que sea admitirlo. Elementos como la educación obligatoria o la sanidad pública estaban en los primeros puestos de inversión del estado (junto con la obra pública como generadora de empleo) para, una vez llegada la democracia, ser el caldo de cultivo del Estado del Bienestar. Entramos en los felices 80´s y 90´s y en la UE y nos convertimos en un país civilizado que abría los ojos, pero con un fuerte sentido social de protección hacia el más desfavorecido o el que puntualmente necesitaba ayuda sin mermar la dignidad del que recibía esa protección. Los trabajadores, por su parte, encontraban ese mismo respaldo con el Pacto de Toledo.

Los años sucesivos al  2000 nos traen el boom inmobiliario y todo iba viento en popa ya que hasta el españolito de a pie que no acababa los estudios obligatorios podía tener un sueldo que le permitía independizarse (aunque fuera a plazos) y crear una familia. Y el que tenía estudios superiores optaba por presentarse a alguna oposición de las muchas administraciones que se iban descentralizando. Todos con casa o coche nuevos: nos iba de perlas.

Esta visión de éxito aumenta el poder del individuo frente a la sociedad, dejando a un lado otras tesis más proteccionistas o patriarcales. Por parte de los sectores más conservadores se promulga todo aquello que olía a neocons mientras que desde la propia izquierda los que abrazaban el comunismo o el socialismo tienen que reinventarse para acoger un sentir más capitalista.

Como todo va bien, se descuida que es el Estado el encargado de velar de que la sociedad asuma cierta parte de responsabilidad que garantice un mínimo de subsistencia a sus ciudadanos sin tener que caer en la indigencia o la caridad, otro término que también es muy querido por los más conservadores, sobre todos de los que quieren redimir pecados en otros mundos alejados de éste.

Además, la propia mejoría (real o irreal) del status de las antiguas clases trabajadoras hace que aparezca una clase media que ideológicamente es incapaz de diferenciar en muchos casos las políticas que se llevan a cabo por parte de los partidos mayoritarios, como son en nuestro país PP y PSOE. Aunque sigan existiendo diferencias de fondo.

Pero navegar por los matices no es fácil si sumamos que los políticos se han convertido en uno de los principales problemas de nuestro país cada vez que sale una encuesta del CIS, una ciudadanía que no participa ni se muestra interesada en participar en el sistema establecido a través de las urnas. Máxime cuando es imposible aplicar teorías políticas puras que no tengan en cuenta nuestro ámbito económico europeo gracias a la adopción del euro como moneda, la fluctuación de los mercados, los intereses empresariales y sindicales… etc.

Ahora, fruto de la crisis económica y bajo mandato de la UE, debemos aligerar aún más la carga con la premisa de minimizar costes del sector público y la mirada puesta en el déficit cero a toda costa. No deja de ser preocupante como la crisis de las teorías económicas que no han podido preveer el crash inmobiliario se ha traducido en una crisis política de valores sin precedentes que dado un nuevo giro a la reinvención ya comentada. Sobre todo de los partidos políticos españoles que han accedido al gobierno: ahora el PP tiene que tener en cuenta en sus medidas a una parte de la sociedad con menos recursos desde el punto de vista de las coberturas públicas, algo que no estaba en sus planes, después de que el PSOE tuviera que aplicar recortes que afectaban a las mismas clases que sustentaban su voto, no sin lamentarse varias veces por ello.

Por eso, ¿estamos preparados para ser individualistas o para que recojamos por parte del sector público solo aquello que sea exclusivo del fruto de nuestro trabajo/aportación? Sinceramente, creo que no.

La tradición nos dice que el papel que le da la ciudadanía española al sector público es mucho más importante como garante de las políticas sociales que como gestor de servicios ya privatizados o concertados. Una postura que parece que se quiere romper con la tanda de medidas que llevamos viendo desde que el Gobierno de Rajoy comenzó este año 2012 y que afectará a los beneficiarios futuros de la educación, sanidad o cobertura por desempleo públicos, y eso es solo el principio.

El peligro reside en que se puede provocar una fractura generacional entre los que venían de una concepción proteccionista del Estado y de aquellos que, quizá por considerar que no tener nada que perder (aparentemente), no contemplan la posibilidad de seguir manteniendo esa faceta tutora propia del sector público.

Por lo pronto, el frente común conservador que existía en la UE entre Alemania-Reino Unido y Francia ya se ha roto por este último fleco con la llegada del socialista Hollande al poder en sustitución de Sarkozy. No ayuda a mantener esa visión del Estado solo como ente gestor la pérdida en intención de voto de las siglas que defienden tanto Merkel como Cameron en las elecciones regionales de sus respectivos países, que serán los próximos en tener que revalidar sus mandatos en clave nacional. Un frente que había servido para justificar la toma de medidas en nuestro país por parte de Rajoy.

Veremos que pasa.

Anuncios

Los 100 días de Rajoy para equivocarse en comunicación política


* Artículo publicado en la revista El Observador

El uso de globos sonda como primer paso para trasladar a la opinión pública el impacto de las reformas restrictivas para contención del déficit, en el mercado laboral, en el ámbito presupuestario y en el sistema sanitario, ha conllevado que la ciudadanía se haya posicionado de una forma aún más negativa de la que se presupone por el carácter de las medidas durante los 100 primeros días del Gobierno de Rajoy, tanto dentro y fuera de nuestras fronteras.

Un resultado que va en contra de los principios de cualquier comunicación institucional en un periodo de crisis, sobre todo por el error, buscado o no por los principales líderes del Partido Popular, de tratar de vestir estas propuestas lanzadas a los medios de comunicación con una fórmula, el globo sonda, usada tradicionalmente desde los gobiernos para facilitar el debate y la negociación con los sectores afectados (ciudadanos, organizaciones empresariales y sociales, lobbies…) sobre decisiones que serán polémicas o de gran calado social, e intentando con ello obtener la mejor percepción posible de cara a la ciudadanía. Y, sobre todo, contrarias a las propuestas que marcaban el programa electoral con el que ganaron las elecciones generales de 2011.

Pero ha sido el marco temporal de apremio en la adopción de dichas reformas, sobre todo proveniente de la UE, el que ha hecho inservible el uso de esta herramienta, ya que en la opinión pública y publicada en (los medios de comunicación) ha quedado constancia de que no estábamos ante medidas no cerradas sino que estaban listas para su ejecución. Esto ha provocado numerosas disonancias en la política de comunicación tanto de La Moncloa como de sus ministerios y del propio servicio de prensa del PP en la calle Génova.

Tampoco se ha respetado el traslado de mensajes claros que, en situaciones de excepcionalidad, debe existir por parte de los portavoces públicos que tienen autoridad informativa, concentrada en este caso en el presidente Rajoy y los ministros De Guindos (Economía) y Montoro (Hacienda), lo que ha dejado en el camino demasiadas ideas confusas, indeterminadas y hasta contradictorias con el consecuente perjuicio para la opinión pública, con casos concretos como una subida del IVA en marzo (De Guindos), una desviación del déficit no confirmada del 8,2% (Jorge Fernández, ministro del Interior), posible subida de otros impuestos (De Guindos) o el copago sanitario (De Guindos).

Una postura que, incluso, ha provocado situaciones en las que actores del mismo partido político en el poder, como Rajoy en la Agencia EFE sobre el IVA, Sáenz de Santamaría (vicepresidencia) en el caso del cumplimiento del déficit pactado con la UE, Montoro sobre la no subida de impuestos especiales, o Carlos Floriano (número 3 del PP) sobre el copago sanitario, hayan tenido que limar asperezas producidas por esta descoordinación en el envío de información a los medios de comunicación y, por extensión, en la ciudadanía:

El caso de Floriano es aún más claro, ya que tras salir en rueda de prensa no convocada para desautorizar al ministro de Economía y sus declaraciones sobre el copago, él mismo corregido por un comunicado de prensa de Moncloa que daba razón a De Guindos. Un ruido informativo que incluso provocó que el presidente Rajoy no atendiera a los medios de comunicación cuando acudió al Senado para responder a varias preguntas sobre la reforma laboral:

La misma falta de mensaje único ha provocado casos como el de Extremadura, cuyo presidente (PP) al ser preguntados por el copago pierde la integridad del discurso que hay que defender ante los medios al posicionarse primero en contra (antes de la aparición de las declaraciones de De Guindos y el comunicado de Moncloa) y luego a favor (con la aparición del mismo y la posterior concreción del copago). Todo un giro de 180 grados en menos de diez días.

La predisposición por realizar convocatoria de actos, sobre todo del presidente del Gobierno, con un aforo afín y sin posibilidad de ser cuestionado como sustitutivo a la demanda de los medios para lograr una explicación de la acción del Ejecutivo, ha sido también excesiva. Sobre todo dentro de nuestras fronteras, pues tanto en el proceso de elaboración de las reformas como una vez que se han justificado tras anuncio en Consejo de Ministros, se ha apostado por que Rajoy explique sus puntos de vista y haga anuncios en mítines políticos, reuniones del grupo parlamentario popular o con los representantes autonómicos de las CCAA gobernadas por el PP, lo que no ha redundado en una mejor acción pedagógica que se presupone a toda acción política. Mientras que los anuncios de Rajoy versan sobre la imposición de una reforma laboral (mitin del PP en Málaga), las explicaciones se limitan a decir que se trata de reformas con un marcado carácter social y equitativo (Cospedal y Montoro).

Se ha producido, por tanto, un vacío informativo por la constante petición de los medios, sobre todo de los de corte más progresista como los del grupo PRISA (El País y la cadena SER), que no han desistido en su empeño de pedir aclaraciones dentro de un contexto donde abundaban los mensajes indefinidos y una postura política huída de las críticas o rendición de explicaciones. Una actitud que, además, ha favorecido la actividad de la oposición (sobre todo PSOE e IU) al llenar ese espacio con sus declaraciones. Las mismas que han conseguido calar el mensaje de toda acción de gobierno como de pérdida general de derechos a costa de la crisis económica, tocando lo que se ha denominado “las líneas rojas“, sobre todo en educación y sanidad.

Por el contrario, las entrevistas de los miembros del Gobierno en medios de comunicación de tirada nacional de afinidad ideológica (El Mundo, ABC, La Razón) no solo han sido bien recibidas sino fomentadas desde los departamentos de prensa. Aunque el tratamiento más favorable que se presupone en la información no está exenta de que se cuelen aspectos desfavorables de las medidas como en la reorganización del mercado laboral, en la que se pregunta en hasta cinco ocasiones en una entrevista exclusiva en ABC a la ministra de Empleo sobre las circunstancias del despido más flexible. Esta circunstancia será aprovechada por otros medios para reforzar el hilo argumental de su discurso sobre el impacto negativo de las mismas de cara a la ciudadanía, sobre todo la sección de Economía de El País tanto en la edición en internet como en la impresa, las desventajas de la reforma laboral con artículos y reportajes especiales a doble página que son presentados con titulares nada halagüeños para la reputación del Gobierno como “Más riesgo de recesión por decreto“, “Despidos baratos con la venia del juez” o “Salarios a la carta para la empresa“.

La opinión internacional también ha sido primada frente a la nacional, lo que ha hecho que, por una parte, se presenten dichas reformas a través de entrevistas en prensa extranjera (Financial Times, Frankfurter Allgemeine) y en comunicados anexos a los viajes oficiales del presidente como Seúl o Roma, limitando de nuevo la cobertura a los medios españoles. Con ello, se ha obligado a, en primer lugar, decidir en las redacciones si reservar o no un hueco a unas declaraciones que se han dado en exclusiva a otro medio de comunicación, y por otro, recopilar información a través de los teletipos de las agencias de prensa que hayan cubierto la comparecencia. Solo si cuentan con presupuesto, tienen también la posibilidad de destinar a un enviado especial para tal finalidad, a lo que todos los medios, sobre todo los de carácter regional, provincial o local, tienen acceso por rentabilidad presupuestaria, y más en tiempo de crisis.

Pero ese enfoque internacional de la presentación de las medidas no ha tenido tampoco el efecto esperado si se observa los ataques a la bolsa española, la subida de la prima de riesgo de la deuda soberana y las críticas en la UE. Ante tan poca calurosa acogida, los mensajes desde el Gobierno de Rajoy han ido en dos direcciones: por una parte, mostrando cierto “enroque” con el doble objetivo de poner en valor la independencia del Gobierno español a la hora de tomar sus medidas destacando que se sabía “lo que había que hacer” (Rajoy, Montoro, Sáenz de Santamaría, Gallardón o Cospedal) y haciendo un frente común con otros países que también se han visto acosados. Por otro, mostrando dentro de nuestras fronteras un cierto discurso paternalista con el lema “éstas no son las medidas que nos gusta tomar“.

Aunque en primera instancia pueda parecer un intento de congraciarse con una ciudadanía que ya ha mostrado su rechazo y para paliar el probable desgaste electoral derivado de esta situación, no deja de resultar paradójico que mensajes como éstos mantendrán la desconfianza de la opinión pública, sobre todo la relacionada con los mercados. Una circunstancia que no paliará los ataques a la bolsa y seguirá alimentando un caldo de cultivo sobre la incertidumbre de un Gobierno que no respalda al 100% las medidas ya tomadas y que no las identifica como propias, como con los PGE, al decirse que son “desagradables, incómodos y que no gustan a nadie” (Rajoy).

Sin embargo, a pesar de este intento de minimizar la presencia de crítica en el tratamiento final de la información, la actividad política del PP en el Gobierno no ha estado exenta de las particularidades del periodismo y de las filtraciones de información no deseada, como el micrófono “abierto”. Aunque este tipo de descuidos son normales, lo que consiguió alimentar aún más el clima de crispación dentro de nuestras fronteras, sobre todo con el proceso de la reforma laboral, fueron declaraciones del presidente Rajoy en las que quedaba claro que se asumía una huelga general cuando dentro de nuestras fronteras se estaba trasladando otro mensaje:

Otro aspecto interesante ha sido la propia comunicación de las reformas en sí, todas ellas condensadas en la comparecencia en rueda de prensa en Consejo de Ministros, donde se ha hecho más hincapie en justificaciones que cargaban contra la “herencia” del Gobierno anterior en temas como la estimación del déficit de 2011 que en los mensajes de petición de esfuerzo colectivo y comprensión ante medidas que ya se presuponían impopulares, aspectos que se han presentado con la sentencia “no queríamos hacerlo pero nos hemos visto obligados” (Rajoy o Sáenz de Santamaría).

Evidentemente, las portadas de la prensa del primer paquete de reformas, con titulares, como “España entra en alerta económica” (El País), “El Gobierno inicia el ajuste con un drástico hachazo fiscal” (El Mundo), “Ajuste drástico ante una situación excepcional” (ABC), “Duro ajuste para empezar” (La Vanguardia) o “Sacrificio fiscal” (Expansión), es un fiel reflejo de como la prensa canaliza el uso de un lenguaje que acentúa la situación de gravedad económica.

El lenguaje también recogerá justificaciones no exentas del uso de eufemismos para intentar trasladar una percepción distinta a la que daban la mayoría de los medios de comunicación, como ha ocurrido con la reforma laboral (resumida en despido más barato), la presentación de los Presupuestos Generales del Estado (resumidos como que favorecen la amnistía fiscal) o la reforma sanitaria (resumida en copago) y que se han mantenido también en la posterior comparecencia en sede parlamentaria. Aunque en este último caso, se ha añadido un ingrediente más por parte del grupo parlamentario del PP como es el sentimiento de Estado pero de forma muy crítica con los partidos de la oposición, no solo el PSOE, sino con aquellos que, como CiU, les permitirían tener algún tipo de apoyo en una cámara que dominan con mayoría absoluta.

Y es que, si bien la situación es la que reflejaba las urnas tras el 20 de noviembre, las explicaciones por parte del Partido Popular abusan demasiado de esa situación de superioridad numérica parlamentaria en los discursos de justificación ante la toma de medidas, lo que ha provocado que también se haya creado un clima de enfrentamiento del equipo de Rajoy (tanto en el Gobierno como en el PP) con otras organizaciones como los sindicatos mayoritarios.

El tono de las valoraciones y opiniones que han sido realizadas sobre este aspecto por parte de representantes de las filas populares han sido recogidas como un intento de provocar aún más a unas organizaciones que han sido excluidas de los procesos de negociación y que han planteado en la calle varias movilizaciones en la calle, con una movilizaciones y una posterior huelga general por las que incluso el Gobierno decidió en un primero momento por aumentar el nivel de crispación con frases como “no resuelve nada y es injusta” (Rajoy), “lo que tenemos que estar es a defender los derechos de todos” (Sáenz de Santamaría), o “la economía española no está para una huelga general (Cospedal).

Posteriormente, tanto Sáenz de Santamaría como Montoro llegan al alarmismo al decir que “España está en una situación límite”, para luego volver a un clima de autoridad el mismo día de la huelga y, por una parte, mantener la provocación al decir que “la agenda reformista del Gobierno es imparable” (Fátima Báñez, ministra de Empleo) e intentar quitarle todo tipo de valoración política a la jornada por parte del ministerio del Interior con comparecencias públicas de un cargo técnico, la directora de Política Interior, Cristina Díaz, mientras los medios se quejan de la imposibilidad de hacer preguntas a la misma y la mera comparecencia con la lectura de comunicados.

En pleno clima de confrontación, aparece también un vídeo que además vulneró la ley electoral desde el ministerio de Empleo que usa imágenes sacadas de contexto de los rostros sonrientes de Cándido Méndez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CCOO) cuando son ellos mismos los que lideran la protesta contra la reforma.

Visto como un ejemplo de manipulación tanto por UGT, que lo define como “insulto a la inteligencia de los ciudadanos“, como por CCOO, que lo cataloga como “sarta de mentiras“.

Por tanto, en materia de comunicación de crisis, por tanto, vemos como estos 100 días de Gobierno se han producido errores que no solo han puesto en riesgo su credibilidad futura de cara a las medidas que deberá tomar durante el resto de la legislatura, sino que ha creado un clima abierto a la contínua especulación, incluso en los medios económicos más especializados, que no favorece una recuperación de prestigio.

La primera, constatada en la pérdida de casi 530.000 votos a las siglas del PP en las elecciones de Andalucía y Asturias en comparación con los resultados de las elecciones generales de 2011, una pérdida de confianza que, posteriormente, también corrobora la encuesta de El País del pasado 14 de abril, en el que se acusaba una caída de más de 8 puntos en intención de voto con un significativo desgaste del Gobierno.

Diez peticiones para el nuevo presidente del Gobierno


Acabo de darme una vuelta por el distrito de Palma-Palmilla (Málaga), donde estoy censado electoralmente, del que soy apoderado y he ejercido mi derecho a voto. Llueve y el ambiente es muy dispar, mientras que los interventores y apoderados del PSOE parece que están como apagados, los del PP se dan paseos militares de mesa en mesa, sin estar muy pendientes a los listados de censos o si sus papeletas están o no a la vista de los posibles votantes, como venía siendo habitual en anteriores citas electorales. Para ellos, el “pescado está todo vendido” y ya han dado visos de legalidad a las encuestas publicadas más que a las actas de los colegios electorales. A los de IU ni siquiera los he visto, ya no hablo de todos los demás partidos.

Llevaba las papeletas de casa, sobre todo dejando a buen recaudo la del Senado, que suele ser la que más cuesta rellenar si no estás acostumbrado a este tipo de menesteres, he metido los sobrecitos en las urnas, y me he vuelto al trabajo diario.

Son horas de cierto asueto, hasta dentro de un rato (14:00h) no empiezan a llegar los primeros datos de participación, así que ahí va la primera entrada:

Muchos de los que hoy van a votar, argumentarán sus motivos y peticiones, las mías las resumo en 10 puntos que saco tras las entrevistas que publicaron el pasado jueves y viernes en El País al que posiblemente será el próximo presidente del Gobierno:

1- Quiero un presidente del Gobierno que no sólo garantice las pensiones, sino que además, las suba de poder adquisitivo (las no contributivas y las que sí cotizan) no cada dos años, sino cuando corresponde. El IPC sube igual para todos cada mes, por lo que las pensiones deben hacer lo propio y no quedar congeladas o con subidas ridículas.

2 – Quiero un presidente del Gobierno que respete el tiempo de cotización de los que ahora trabajan y, aún a pesar de la crisis, pueden perder su puesto. También que ayude a los que se han quedado sin cotización, no excluyéndolos del sistema público ni amparándose en el “sálvese quién pueda” en materia de formación para empleo a conveniencia de lo que digan las 17 autonomías.

3 – Quiero un presidente del Gobierno que no recorte las transferencias a los gobiernos autonómicos ni a los Ayuntamientos, que ya están ahogados manteniendo sus propias penurias. Con eso sólo se conseguirá que se recorten servicios como educación o sanidad, y que suban aún más los impuestos autonómicos o locales.

4 – Quiero un presidente del Gobierno que no nos haga pagar por los medicamentos, sobre todo a los pensionistas. Los laboratorios ya tienen acuerdos cerrados con las administraciones para que se les pague lo que realmente merecen. Éstas compañías privadas se han lanzado a la competencia directa contra los genéricos, con lo que se demuestra que el denominado “medicamentazo” ha conseguido que el mercado privado tenga que amoldarse a la demanda, y no al revés.

5 – Quiero un presidente del Gobierno que no me haga pagar por la asistencia sanitaria pública. Ya la pago con mis impuestos, y si quiero una cobertura extra, me iré las empresas privadas sabiendo desde el principio que si tengo una enfermedad grave que requiera intervenciones quirúrgicas largas o tratamientos costosos, me van a “invitar” a que me lo cure la sanidad pública. También quiero que proteja la sanidad pública de la gestión privada, ya que los beneficios no revertirán en los ciudadanos sino en los accionistas/propietarios de dichas compañías.

6 – Quiero un presidente que mantenga la Ley de Dependencia, que no traslade a las familias el gasto social que supone cuidar a una persona dependiente o con discapacidad. Que les permita disponer de servicios como residencias, ciudadores profesionales o centros de día. Que no se base en la caridad para dejar tranquila su conciencia.

7 – Quiero un presidente del Gobierno que cumpla con el déficit pero sin acribillarnos con subida de impuestos. Ni quiero que suba el IVA (impuesto injusto con los que menos tienen), ni los de la gasolina, alcohol, tabaco o demás. Si se baja el IAE, que sea teniendo en cuenta medidas paralelas que realmente estimulen el mercado laboral no a costa de la flexibilización de los despidos manteniendo el mismo modelo productivo o a base de ayudas que sólo fomentan la contratación temporal a bajo coste. También quiero que no me haga pagar más por lo que ya tengo eliminando deducciones ya existentes en el IRPF o subiendo los baremos para becas y ayudas públicas.

8 – Quiero un presidente del Gobierno que mire cara a cara a las mujeres, que sea consciente de la lucha contra la violencia de género y que, con los preceptos que se desarrollan en la actual legislación, puedan decidir sobre su futuro y su propio cuerpo. Quiero que aquellos que ahora se sienten iguales al resto de españoles sin importar su condición sexual no sean excluídos, que puedan tener sus propias famlias y adoptar sólo basándose en una buena estructura que fomente el cariño y el respeto, no en lo que la moral religiosa nos imponga desde el púlpito.

9 – Quiero un presidente del Gobierno que apunte hacia la I+D+i y a sectores emergentes, no en fomentar el ladrillo. Somos una economía con un sector primario intervenido (PAC), un secundario que sobrevive a base de subvenciones públicas a multinacionales (sobre todo automoción), y un terciario que no sale del sol y playa.

10 – Quiero un presidente del Gobierno que mire antes por los ciudadanos que por el euro. Las medidas pueden llegar a ser o no impopulares dependiendo del grado de enrrocamiento con el que se parapete en La Moncloa, pero si tras una reunión del EcoFin nos venimos de Bruselas a casa con otra carpetita llena de recortes bajo la amenaza del rescate, prefiero que se mire antes por los que están más desprotegidos que por los que afrontarán la crisis con menos problemas o incluso hacen negocio con ella.

Ahora solo toca que el nuevo presidente del Gobierno esté a la altura, que sea valiente, que mire a la cara a sus votantes y les diga alto y claro lo que va a hacer, sabiendo que en el momento que toque un solo puesto de trabajo público, sindicatos y colectivos se echarán a la calle. A un país no se le saca de la crisis proporcionando material de artillería para huelgas generales o sectoriales. Que no sólo “haga lo que pueda”, sino que también “haga lo que debe” por proteger a quiénes lo han votado.

Feliz domingo.

Sobre la apatía hacia la clase política


Acabo de terminar de leer un artículo de Manuel Jiménez Friaza en La Opinión de Málaga titulado “Hablar: acto político” en el que se hace bastante hincapie en la importancia de la oratoria y el lenguaje no verbal en el discurso político a colación de actos como el gesto de Aznar en Oviedo o las declaraciones de Esperanza Aguirre sobre los puestos quitados en Cajamadrid a un supuesto vástago de dudoso padre. También, y eso es lo que más me ha interesado, en el concepto de cercanía entre el político y el elector en estos tiempos que corren.

En el artículo de Jiménez Friaza, como siempre que se habla de oratoria en la política española, se pone como ejemplo a las dos personas que consiguieron dar otra vuelta de tuerca a los usos y maneras que se gastaban nuestros políticos en la primera mitad del siglo XX, tanto por su discurso como por su relación con el electorado: Manuel Azaña y José Ortega y Gasset. Desgraciadamente, toda esas nuevas formas cayeron en el olvido con la dictadura de Franco y su discurso permanente de la victoria de 1939. Una postura que cambió afortunadamente con la posterior Transición y su constante interés en que tanto vencedores como vencidos no se apearan del proyecto democrático que entonces estaba naciendo. Se escogían todas y cada una de las palabras que salían en boca tanto de gobernantes como de miembros de la oposición para apelar al sentimiento de unidad y confianza en el proyecto democrático en ciernes, una actitud que se echa de menos, tanto para los que lo vivieron como para los que hemos comprendido su significado a pesar de no haber podido estar allí, como es mi caso.

Tirando de nuestra Historia Contemporánea, rescato a colación un extracto de uno de los discursos de Azaña, en concreto uno referido a la relación entre los partidos políticos de la IIª República y el pueblo español, que me viene como anillo al dedo para intentar entender por qué tanto Gobierno como oposición siguen jugando al ratón y al gato para seguir favoreciendo el clima de desacuerdo y enfrentamiento:

Yo disculpo a los gobernantes que, afanados en sus tareas de los ministerios y del Parlamento, pueden llegar, sin saberlo, a encontrarse divorciados de la opinión pública; pero compadezco a los gobernantes que no tienen ocasión de recibir del pueblo directamente la recompensa, la grata recompensa de la efusión sentimental y cordial en premio de los aciertos que el destino les haya deparado. Y en esta situación posterior, que es lastimosa para quien pasa por ella, podía haberse encontrado el Gobierno que presido si estas vacaciones parlamentarias, lo mismo a mí que a los demás compañeros de Gobierno, no nos hubiesen permitido ir a hablar directamente con el pueblo español y a recoger de los republicanos españoles, es decir, de la inmensa mayoría del país, aquellas demostraciones ingenuas de lealtad, de adhesión y de entusiasmo que la obra realizada por el Parlamento y por el Gobierno nos han hecho recibir del pueblo español.” (Santander, 30 de septiembre de 1932)

No menos claras son las palabras de Ortega y Gasset sobre la necesidad de llegar a acuerdos en el Parlamento cuando se tratan temas de profundo calado. En concreto, del debate parlamentario que se generó también en 1932 entorno a la tramitación de la reforma agraria y del Estatuto de Autonomía de Cataluña, rescato lo siguiente:

Porque la República necesita de todas las colaboraciones, las mayores y las ínfimas, porque necesita -queráis o no- hacer las cosas bien, y para eso todos somos pocos. Sobre todo en estos dos enormes asuntos que ahora tenemos delante, la reforma agraria y el Estatuto catalán, es preciso que el Parlamento se resuelva a salir de sí mismo, de ese fatal ensimismamiento en que ha solido vivir hasta ahora, y que ha sido causa de que una gran parte de la opinión de haya retirado la fe y le escatime la esperanza. Es preciso ir a hacer las cosas bien, a reunir todos los esfuerzos. El político necesita de una imaginación peculiar el don de representarse en todo instante y con gran exactitud cuál es el estado de las fuerzas que integran la total opinión y percibir con precisión cuál es su resultante, huyendo de confundirla con la opinión de los próximos, de los amigos, de los afines, que, por muchos que sean, son siempre muy pocos en la nación. Sin esa imaginación, sin ese don peculiar, el político está perdido“. (Madrid, 13 de mayo de 1932).

¿Dónde nos encontramos ahora? En una muy preocupante apatía hacia la clase política en una crisis económica en la que es más necesaria que nunca. Sólo hay que echar un vistazo a las portadas de hoy para darnos cuenta que los dos partidos mayoritarios se han instalado en ambas trincheras mientras el ciudadano de a pie sigue bregando con la crisis. Mientras unos hablan de sumar y no restar (PSOE) los otros responden que apelar a esa suma será traicionar a los españoles (PP). En medio de toda la trifulca, la lealtad, el entusiasmo y la adhesión a la que ya hacía referencia Azaña hace casi 80 años, o el ensimismamiento del Parlamento del que hablaba Ortega y Gasset, siguen siendo protagonistas. El resultado es más que evidente: mientras asistimos a episodios de acusación mutua, el electorado ya ha situado a la clase política dentro del “top five” de los problemas de los españoles según el CIS, sólo antecedido por el paro, la crisis económica, la inmigración y el terrorismo.

Personalmente, tengo la firme convicción de que la política cumple su función cuando se usa para mejorar el bienestar común más allá de los intereses personales de los grandes grupos de presión. Por desgracia, el desapego que se siente entre nuestra sociedad hacia los políticos, sobre todo en las personas más jóvenes que son las mismas que no ejercen su derecho a voto por sentirse al margen, no favorece a un sistema democrático que sigue condenado a aumentar las tasas de absentismo electoral. Esto, probablemente, sea muy útil y placentero para los denominados “convencidos” de cada una de las opciones ideológicas que se presentan a las elecciones y para los nuevos partidos políticos que se configuran como alternativas pero que siguen cayendo en los mismos defectos (Ciudadanos, UPyD), pero no sólo aleja la actividad política de los gobernados, sino que estos ponen, probablemente sin ser concientes de ello, los cambios que sufrirán en su propio modo de vida en las manos de otros.

Confío, espero que no de forma ingenua, que la esperada recuperación económica que se espera para mediados-finales de este año cambie la actitud tanto de los que gobiernan como de la oposición para intentar trasladar a la opinión pública un clima de protección social y, sobre todo, de abandonar la frialdad de las relaciones político-elector en la que parece que nos hemos instalado fruto de la crisis.

Soraya se echa tierra contra sí misma en “El Mundo”


grande-portada-el-mundo-180109La comidilla en las tertulias políticas y pasillos de los partidos de estos dos últimos días ha sido la entrevista a la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáez de Santamaría, más que por su contenido, por el reportaje gráfico que le han preparado a lo “pretty woman”. No quería haber hecho ningún comentario antes de leer la entrevista, así que aquí teneis mi post de esta semana.

Sin duda alguna, este reportaje pasará a la historia del PP como una de las peores meteduras de pata del departamento que coordina Carmen Martínez Castro,  directora del comunicación de este partido. No sólo porque las fotografías que se muestran reflejan una realidad bohemia casi insultante que parece que se está viviendo en el PP en tiempos de crisis, sino porque va a costar a la actual directiva popular de Rajoy volver a encontrar el punto de unión con su electorado y con la opinión pública a corto plazo. Como un votante más, me da que pensar que en ciertos partidos no exista ni hayan existido visos de austeridad por mucho que luego pidan explicaciones y medidas a las personas que están gobernando.

Antes de la entrevista, tenía a Soraya como una persona y especialmente como mujer joven que, aunque no congeniaba con la parte más derechizada del PP, sí que estaba currándose una imagen de trabajo e implicación constante por sacar adelante el proyecto de Rajoy. Desgraciadamente ese es el sobreprecio que se sigue estableciendo en algunos entornos en los que todavía la segregación sexista es demasiado pronunciada y, aunque Soraya siempre ha tenido para mí una proyección pública un tanto “noña”, recuerdo especialmente una entrevista que se le hizo en “Los Desayunos de TVE” el pasado mes de septiempre en el que afianzó ese carácter trabajador en pleno debate de los presupuestos de 2009. Me imagino que ha sido ese carácter el que debió cautivar a Rajoy para que en el último congreso nacional del PP la situara como número tres de su partido en plena guerra interna.

Ahora, lamentablemente, a más de un ciudadano de a pie nos ha defraudado con grandes declaraciones como que trabaja a un “ritmo, que es ligerito. Voy como las hormiguitas, dejando las genialidades para otros” o que “Alberto Nuñez Feijoo [presidente del PP de Galicia] tiene un puntito”. No voy a decir que la tenía mitificada, pero sí que tenía mi respeto como política y que ahora le va a costar recuperarlo.

Desde el punto de vista periodístico, de nuevo Pedro J., le ha lanzado otra patata caliente a la sede de Calle Génova al abrir la polémica y poner en jaque a una de las personas con mayor responsabilidad de la actual directiva del PP. Al publicar el avance de la entrevista dos días antes  en la portada del diario (igual que ha hecho hoy) y ratificar sus intenciones en el videoblog, ha vuelto a darle un tiro de gracia al equipo de Rajoy y convertido a la amable periodista Nieves Herrero en cómplice de esta estrategia. A más de uno nos llega la duda: ¿le “habrán hecho la cama” a Soraya desde su propio partido?. En próximos días espero que podamos ver algún movimiento.

PD: no he criticado que el diseño de la portada de “El Mundo” de hoy es archiconocida para los que leemos “El País”, un nuevo ejemplo de la falta de originalidad tras la “reinvención” del periódico de UNEDISA.

A %d blogueros les gusta esto: